Una noticia mala y una buena

octubre 19, 2011

Sean bienvenidos, todos los responsables sanitarios de este país, a la cultura antiburócrata.

Esta muy bien, pero luego hay que traducirlo en hechos…

Podría pensarse que, anteriormente, tenían la obligación de hacer las recetas de los médicos que trabajan en la sanidad privada. Pues nada, enhorabuena a los compañeros de Baleares. Nadie puede obligar a un médico a firmar el tratamiento prescrito por otro.

Madrid se queda cada vez más sólo en el empeño de que los servicios de urgencias no den recetas. Seguramente, todos estan equivocados y nosotros no. Así de listos somos los de la capital.

José Luis Quintana, médico de familia.


Recetar en folios blancos

octubre 17, 2011

Manuel es un paciente de mi consulta. A sus más de 90 años, su cuerpo ya no puede venir a la consulta. Su cabeza y su carácter de hombre vinculado al ejército, aún le piden venir, pero su cuerpo no le deja. Manuel disfruta de las prestaciones del Instituto Social de las Fuerzas Armadas (ISFAS). En ISFAS las recetas son distintas. Las tiene el paciente, las trae a la consulta y se hacen “a mano”.

Esto quiere decir, que Manuel no puede beneficiarse de los llamados “circuitos de crónicos”. No puede beneficiarse de la informatización de la receta. Cada vez que voy a su domicilio, me tengo que acordar de llevarme el sello,  si no, no le puedo hacer recetas. Su hija viene a la consulta y se las hago, en caso de que se me haya olvidado.

No es el único caso. La Mutualidad General de Fucionarios Civiles del Estado (MUFACE) es un caso paralelo.

La comunidad de Madrid hace casi 100 millones de recetas al año. En toda España, debe ser de escalofrío. En estos tiempos que corren, de apreturas económicas, se podrían ahorrar muchos euros si dejáramos de gastar papel “hermosamente impreso” como receta, para usar folios en blanco para todo y la impresora imprimiése  en letra, en el código de barras, o donde se decida, el tipo de prestación del paciente (activo, pensionista, accidente laboral, ISFAS, MUFACE…).

Se ahorraría dinero, se facilitaría el trabajo en las consultas, se llegaría con mucho retraso al siglo XXI, me ahorraría llevar sello y tampón en el maletín y los muchos paseos de la hija de Manuel. Además se acabaría el suministro específico de recetas, su envoltorio de plástico, los resguardos de entrega, el ASTARE (un programa, ASignación de TAlonarios de REcetas, cuyo concepto pertenece  siglos pasados), los armarios blindados para su custodia… en fin, toda la parafernalia heredada de tiempos pretéritos.

Eso ya sin hablar de la receta multiprescripción. La receta electrónica ni se ve en Madrid. Una receta electrónica que valga para todo el Estado en 2013, es para partirse de la risa.

Necesitamos, urgentemente, un ataque de sensatez. Y de paso, un poco de valentía para desterrar procedimientos propios de otros tiempos

José Luis Quintana, médico de familia.


Una completa decepción

septiembre 29, 2011

Ya hemos hablado en varias ocasiones de AP-Madrid. Desconozco la fecha exacta del arranque del proyecto. Era, no la pasada legislatura, la anterior, cuando se puso en marcha y desde entonces casi no le ha sucedido nada bueno.

Se pensó en una base datos única, a imitación del resto de las comunidades autónomas. Ya no es tiempo de discutir esto, pero es probable que sea el origen de todos los problemas. En mi opinión, con buen criterio, el proyecto perseguía adaptar OMI-AP, que había ofrecido una prestaciones bastante razonables, a la base de datos centralizada y un nuevo lenguaje de programación. Han pasado un buen puñado de años, se ha debido invertir mucho dinero y tenemos:

- Medio Madrid trabaja con OMI-AP. La implantación de AP-Madrid es un dolor y se avanza a paso de tortuga.

- Como hemos comentado en entradas anteriores los profesionales se han quedado sin poder acceder a la información por ellos mismos generada. OMI tenía dos módulos de extracción de datos (OMI-EST y OMI-AD) que no eran para tirar cohetes, pero permitían que un profesional obtuviese en poco tiempo y él solo una lista de inmovilizados en domicilio o de diebéticos. Ahora, hay un procedimiento para esto que lo vuelve lento y farragoso, y muchas veces imposible.

- Los sistemas de información han quedado ciegos. No se sabe lo que pasa en los centros con AP-Madrid. No se puede medir la cartera de servicios en esos centros. Yo me imagino que si en Coca-Cola tienen un nuevo sistema informático que no permite saber ni a quién, ni cómo, ni cuánta Coca -Cola se vende, se organiza una tragedia.

- La receta electrónica se vinculó a AP-Madrid. Tenía cierta lógica pero visto los resultados parece un desastre. A día de hoy, la receta electrónica es un pilotaje que en el mejor de los casos se convertirá en realidad para los centros con AP-Madrid y a medio plazo. Dicen los que la usan (en otras comunidades autónomas) que no es la panacea, pero resuelve muchas cosas de las consultas de primaria. En esto, claramente vamos en el furgón de cola de las comunidades autónomas.

Si uno pregunta por todo esto le dicen que está a punto de solucionarse… como hace años.
Digno de los Fiasco Awards.

José Luis Quintana, médico de familia.


Más misterios de la Santísima Sanidad: implantes anticonceptivos

junio 29, 2011

Información completa aquí.

En mi centro,  se puso el primer implante hace años y se retiró uno, puesto en el extranjero, un poco después.

Esto del visado de inspección es un gran misterio: si tengo una consulta privada y receto Implanon®, no hay problema. Si lo hago en mi consulta del Sistema Nacional de Salud, no puedo. Si no me equivoco, esto es válido para todos los medicamentos que precisan visado.

¿Para cuándo un ataque de sensatez?

José Luis Quintana, médico de familia.


Listas Robinson para médicos ¿por qué no?

junio 8, 2011

Se me ha ocurrido reflexionando sobre el post anterior y el maravilloso artículo que lo sustenta. Como todas las cosas cogidas “a bote pronto” será una tontuna inviable pero… lo voy a contar.

A mi casa llamaban montones de empresas para las más variopintas cosas. Publicidad con un nivel de intrusión bien grande, porque llaman al teléfono de mi casa y por lo tanto, casi sin límites ni de horario, ni de día de la semana. En mi casa estábamos más bien hartos pero, nuestra muy esmerada educación, nos impedía mandar a hacer puñetas (que es lo que pide el cuerpo) a un pobre trabajador por cuenta ajena.

Un día, conocimos una cosa llamada listas Robinson. Las listas Robinson, segú su propia web, son “un servicio de exclusión publicitaria gestionado por la Asociación Española de la Economía Digital , creado conforme a lo previsto en la normativa sobre Protección de Datos”. Es decir, te apuntas y dejan de inundar tu buzón, tu línea de teléfono o tu correo electrónico de publicidad no solicitada. El proceso de alta es sencillo y, al cabo de unos meses (si no recuerdo mal tres), uno deja de recibir publicidad de empresas con las que no tiene vinculación alguna. Con las que tienes contrato, te pueden llamar o escribir. Funciona, de verdad. A esto se le llama, exclusión publicitaria.

La Comunidad de Madrid, hace años, intentó poner algo de orden en la visita médica. Todos los días había visita médica y a los centros de salud nos ofrecieron que regularamos nosotros el número de días que queríamos. En mi centro dijimos que dos, de modo que pasamos de 5  a 2. No fue bien recibido por los  representantes: la mayor parte manifestó su disgusto con educación y corrección, pero algunos, pocos, sin ellas. El entonces coordinador del centro “se comió el marrón” de decirles a los representantes que acudían los días en los que habíamos dicho que no recibiríamos que así iba a ser, que, si querían, podían esperar, pero no les íbamos a atender. Era un trabajo desagradable. Ni gusta decir que no, ni debería ser nuestro trabajo.

¿Por qué no crear una lista Robinson para los médicos que no desean recibir publicidad de fármacos? Deberían crearlas nuestras autoridades y encargarse de hacerlo llegar a las empresas implicadas, para no tener que enfrentar una a una a las personas que acuden al centro para informarles nosotros, o tener que pasar “escondido” por las cercanías de donde se encuentran. No sólo es la visita médica, sino el montón de correo convencional que uno recibe en su trabajo. Es probable que sea complejo de articular, pero el empeño merece la pena.

Conozco representantes de laboratorios que son encantadores y  magníficos trabajadores. Nada que reprochar a su trabajo. Juegan a un juego que ellos no han creado ni se les pregunta sobre sus normas.  A algunos les conozco incluso de otras esferas de la vida. Cuando tienen ocasión de hablar relajadamente, tampoco parecen entusiasmados con como están las cosas.  Me parece imprescindible redefinir la relación de los médicos con los representantes de la industria farmacéutica, para llevarla a un terreno mejor.

¿Podemos?

José Luis Quintana, médico de familia

Con posterioridad al post he leído esto… Tal vez ya no se pueda uno fiar ni de Robinson, ni de nadie, pero me reafirmo en la idea de crear listas de exclusión publicitaria para médicos.


Para quitarse el sombrero

junio 4, 2011

A través del excelente Butlletí Groc he llegado al artículo Mercaderes en el Templo: hegemonía del paradigma bio-comercial en psiquiatría de la revista de la Asociación Española de Neuropsiquiatría. Es magnífico. Dos compañeros, un psiquiatra y una enfermera especialista en salud mental, del Hospital Universitario de Canarias, describen la influencia de la industria en el quehacer diario. Hablan de psiquiatría, pero podría ser de cardiología, neurología, cirugía, pediatría, medicina de familia o cualquier otra especialidad. Las conclusiones serían completamente paralelas.

No me resisto a copiar/pegar parte de sus conclusiones:

[...] En línea con plataformas como No Gracias (www.nogracias.eu), los autores hemos decidido cortar nuestros vínculos con la industria farmacéutica. Hemos hecho estudios para ellos y cobrado por ellos (ahora la última tendencia es que, además de pagarte por recoger unos datos, te ponen de autor corporativo, con lo que acabarán decidiendo también nuestro currículum y quién ocupa o no una plaza en la sanidad pública), hemos viajado a congresos y jornadas diversas, hemos ido a múltiples comidas y cenas “de trabajo”… Todo ello en el convencimiento de que tal conducta no afectaba a nuestra prescripción, que éramos capaces, pese a ello, de mantener la independencia. Pero descubrimos que no era así. Descubrimos que nos costaba prescribir un genérico, que nos era difícil no recetar la última molécula presentada… Y no pretendemos hacer apología de nuestra posición. No conocemos psiquiatras corruptos que indiquen tal fármaco a cambio de tal recompensa. Y creemos que puede haber compañeros que sean capaces de mantener su independencia a pesar de ese contacto con la industria, pero nosotros no pudimos mantenerla, y ahora queremos recuperarla. Cortamos lazos con la industria porque también, y es parte de la trampa, sus incentivos te acostumbran a un nivel de vida por encima del que el sueldo de nuestra profesión, en este país, debería permitirnos: viajes al extranjero todos los años, hoteles de cuatro y cinco estrellas, comidas y cenas en buenos restaurantes, libros gratis… Y cuesta renunciar a ello pero, en nuestro caso, lo hacemos. Hemos estado en la trinchera y, lógicamente, no hemos podido evitar mancharnos de barro, así que nos salimos.

Pero creemos que la solución no está sólo en manos de los profesionales. La solución pasa por las administraciones públicas, que deberían responsabilizarse de la investigación y la formación, hasta ahora abandonadas en manos de la industria, así como fijarse en qué fármacos el sistema público debe financiar y cuáles no, por  no aportar nada nuevo. La solución pasa por las asociaciones profesionales, que deberían fijar precios para sus actos científicos que no obligaran a un patrocinio. 

La solución pasa por las direcciones de los centros públicos en que trabajamos, que deberían limitar y controlar (¿prohibir?) el acceso de visitadores médicos. Y, por supuesto, la solución pasa por cada psiquiatra y cada profesional, que debería, deberíamos, reflexionar sobre nuestras teorías y nuestras prácticas, parándonos a pensar qué tipo de Psiquiatría queremos.
 

Ni una palabra más.

José Luis Quintana, médico de familia.

 

Antiburocracia: querer es poder

mayo 26, 2011

Resulta que el Servicio de Salud de Castilla-La Mancha ha remitido a los centros sanitarios un documento, fechado el 25 de abril, con el título “Documento de la Dirección General de Atención Sanitaria y Calidad por el que se dictan instrucciones en relación con el desarrollo del programa de desburocratización de la consulta” (aquí, en PDF) al que se suma una versión dirigida directamente a los pacientes: “Información a pacientes en relación a la documentación que deben recibir cuando son atendidos en centros sanitarios del SESCAM” (aquí, en PDF).

En él se abordan varios de los temas burocráticos que ahogan a las consultas de Atención Primaria, como los justificantes, los informes varios, las recetas de otros, las peticiones de interconsulta y las solicitudes de transporte sanitario.

Resulta todo un ejemplo de claridad y precisión en el lenguaje. Como ejemplo, en el apartado “Emisión de primeras recetas” pone lo siguiente:

“La responsabilidad de la emisión y correcta cumplimentación de la receta médica oficial para facilitar a todos los pacientes la dispensación de los fármacos prescritos, recae en el facultativo que realiza la indicación del tratamiento. Por ello, en el mismo acto asistencial deberán facilitarse a aquellos las recetas necesarias para iniciar el tratamiento prescrito.

Esta instrucción es aplicable, sin excepción, a todos los facultativos del SESCAM, con independencia del nivel o área asistencial al que pertenezcan: Atención Primaria o Atención Especializada (consultas externas hospitalarias, consultas de los CDTES, urgencias).”

Entre otras cosas, a los pacientes se les informa en el segundo documento de lo siguiente:

“… Por tanto, cada vez que un profesional sanitario considere indicada una medicación y así se lo refiera, usted debe solicitar a ese profesional (Atención Primaria o Especializada), de acuerdo con la legislación vigente, que le facilite las recetas pertinentes.”

Son documentos breves que, con alguna laguna criticable*, reflejan muchas de las demandas y anhelos del Grupo Antiburocracia de Madrid.

Verdes de envida estamos en Madrid.

*.- En el apartado de recetas (gracias por el soplo, Rafael Jiménez Alés) no se deja claro que el médico de AP podrá negarse a hacer recetas de continuación de tratamientos con los que no esté de acuerdo. Algunos lo sabemos, pero igual otros no lo tienen tan claro y se hubiera agradecido esta precisión en el texto.

Manolo Merino Moína, pediatra de cabecera. CS El Greco


Imitando a las fruterías: paracetamol = perejil

abril 19, 2011

Cualquiera que haya ido a una frutería, sabe que después de la compra (particularmente si es voluminosa) el cliente dice: ah, pongame un poco de perejil… El pobre perejil, se regala.

Hoy, me ha pasado tres veces… termino la consulta con un paciente de esos de tres o cuatro motivos en una sóla visita. Antes de levantarse de la silla, me dice “ah, deme usted una caja de paracetamol“… si supieran “la leche” que se me pone, no se si lo harían. Que conste, que las hago… que yo soy “un buen médico” ;-) .

Se ha pervertido tanto la lógica de la prestación, que no es gratis visitarnos y lo que prescribimos… lo que es gratis es el paracetamol, pero para eso hay que ir al médico. Por eso los pacientes cogen fármacos y luego van a por recetas… Las medicinas son gratis  o casi, pero tiene uno que pasar por “el de cabecera”…

El caso del paracetamol es el más común, pero ejemplos, hay unos cuantos más.

O alguien se sienta y le da a esto una pensada, o vamos apañados.

José Luis Quintana, médico de familia.


La solución está en la mano

abril 1, 2011

Los laboratorios buscando fármacos, pero la solución está en la propia mano.

Aquí tenéis la referencia. Lo que extraña, es que solo mejoren el 7-10% ;-) . Esto, merece un ensayo clínico bien hecho.

Espectacular.

José Luis Quintana, médico de familia.


Misterios de la Santísima Sanidad. Primer misterio: el visado de inspección

enero 14, 2011

Avidart®, medicamento monocomponente que contiene dutasterida, precisa visado de inspección, pues es de diagnóstico hospitalario.

Duodart®, que es la asociación de tamsulosina con dutasterida, no precisa visado de inspección. Lo puede recetar “hasta un médico de familia”.

¿Alguien lo entiende?

José Luis Quintana, médico de familia

 

 


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