Hora de saber si estamos bastante muertos o muertos del todo

octubre 18, 2021

Decía en la anterior entrada: No sé cómo podemos seguir “tragando” tanto. No sé cuándo vamos a decir “hasta aquí”.

José Luis Quintana. Médico de familia


Camino a la Perdición

octubre 12, 2021

Sección visual de Camino a la perdición - FilmAffinity

Tom Hanks, con los años, creo que se ha convertido en un gran actor. En 2002, Sam Mendes dirigió Camino a la Perdición (Road to Perdition). En ella, un adolescente descubre espiando a su padre que es un asesino a sueldo de la mafia. Ese descubrimiento origina una huida desesperada por todo el país huyendo de la mafia que quiere acabar con ellos.

El título de la película le queda que ni pintado a la situación de la atención primaria de Madrid. Ya sé que Madrid no es una excepción, que la situación de la atención primaria en toda España es deprimente con partidos de diferente signo político y de líderes de todo pelaje. Lo que me pasa es que conozco muy bien el pormenor de la comunidad donde trabajo y no soy capaz de hacer el mismo análisis en Andalucía, Galicia o Cataluña (por mencionar algunas).

Hoy publica El País un análisis pormenorizado del enésimo Plan Integral de Mejora de la Atención Primaria de Madrid. En él se concluye lo que todos ya intuíamos: la mejora ni está ni se le espera. Las promesas se repiten plan tras plan porque el corta/pega es la principal herramienta de planificación, como pueden escuchar a Javier Padilla son medidas previstas para 2006.

En informes de la propia consejería reconocen que el problema es el déficit de profesionales sobre todo médicos y pediatras que no logran paliar. La lectura que se hace del problema es la que se cuenta muy bien en el chiste de la araña a la que un científico le va arrancando las patas: al arrancar la última pata de la araña deja de acudir a la llamada porque se ha quedado sorda. No es una desgracia sobrevenida que no haya médicos para atención primaria. Es muy sencillo y más para gente que presume de liberalismo económico. Si la gente prefiere otros puestos de trabajo es porque el balance esfuerzo/recompensa es malo. Hay que reducir el esfuerzo (mejorar las condiciones del trabajo que cada vez se parecen mas a las  de galeras) y aumentar la recompensa (retribuciones, prestigio, capacidad de influir en las decisiones…).

Hay montañas de documentos que advierten de la situación desde hace más de una década. Son innumerables las propuestas de solución apuntadas en documentos de sociedades científicas, asociaciones y hasta la Comisión para la Reconstrucción Social y Económica del Congreso de los Diputados Tienen una sentencia judicial promovida por el colectivo APsemueve donde el Tribunal Superior de Justicia de Madrid analiza la carga de trabajo y la falta de plantilla y considera que se vulneran los derechos de los médicos de atención primaria. No pasa nada, continuemos hacia el precipicio.

Y en estas llega el plan de Reorganización Asistencial de la Gerencia Asistencial de Atención Primaria.

Ni una sola palabra sobre recursos, contrataciones, presupuesto… nada. Las mismas ideas de siempre: que cada centro reflexione y que decida de forma voluntaria y flexible si se puede hacer algo para la colaboración de las unidades administrativas en los flujos de pacientes, la atención desde enfermería de patología aguda y la agenda Común de Patología no Demorable.

Voluntario y flexible quiere decir “apañaos como podáis y no con lo que os gustaría tener” parafraseando a nuestros jefes de Recursos Humanos. No entiendo que si creen que es bueno para profesionales y pacientes se deje al devenir de cada centro

La Agenda Común de Patología no Demorable (antes tenía el más sincero nombre de Agenda de Desbordamiento) probablemente haya sitios donde sea inevitable por la falta de profesionales. Por lo demás, me parece la antiprimaria. Consiste en que puedo ver a mis crónicos despacio pero los dolores abdominales o los edemas los ve un compañero que ese día esta de urgencias a toda velocidad porque son las de todos. Es la creación de facto de la consulta de urgencias. La longitudinalidad (que ha demostrado que puede alargar la vida) a paseo. Por no decir que abre la puerta a la picaresca de llenarte la agenda de revisiones “de aquella manera” y dejarte fuera lo complicado.

En fin, más que un plan me parece un plin.

Por rematar la idea. En mi centro, por la mañana hay dos pediatras. Por la tarde una, con una reducción de jornada no cubierta desde hace tanto que no soy capaz de decir el número de años (más de 5). Uno de los dos pediatras de mañana se marcha de vacaciones 2 semanas. Por esos azares del destino se consigue alguien de otra área que doble 4 de los cinco días de la semana. Desde la Dirección Asistencial se niega el doblaje porque “no es necesario”. Mejor que el que se queda haga las dos consultas, gratis o casi gratis. Si es que no puede ser, doblamos por encima de nuestras posibilidades.

No sé cómo podemos seguir “tragando” tanto. No sé cuándo vamos a decir “hasta aquí”.

José Luis Quintana. Médico de familia.


La insoportable levedad de la atención primaria. Capítulo 2. Reforzar la primaria

septiembre 1, 2021

EL REFUERZO DE LA PRIMARIA 

Estas últimas semanas, tal y como solicitan el doctor Rafael Matesanz, la doctora economista de la salud Beatriz García López Valcárcel e incluso Bill Gates, se ha reforzado la primaria. En mi centro de salud se están curtiendo los residentes jóvenes (gracias compañeros) y los médicos de familia viejos, yo. Estamos siendo, voluntariamente utilizados cómo los últimos cartuchos de un sistema que está en disolución. Al igual que en la batalla final de Berlín, estamos echando toda la carne en el asador, jóvenes y viejos. Así que, motu proprio, estamos reforzando la primaria. ¿Y por qué? Pues muy sencillo: “por mí, por todos mis compañeros y por mí el primero”. A los de mi generación esto le traerá recuerdos, no creo que lo entiendan los jóvenes, por lo que voy a explicarlo: 
Cuando en los recreos jugábamos a policías y ladrones, los policías tenían que ir capturando a los ladrones y llevarlos a la cárcel. En Salamanca, grupo escolar Francisco Vitoria, dónde pasé mis párvulos, los ladrones no tenían guarida. Todo se hacía corriendo. Cuando un ladrón lograba llegar hasta la cárcel y tocar alguno de los que capturados, gritaba: ¡por mí, por todos mis compañeros y por mí el primero! y todos los ladrones quedaban libres y volvíamos a empezar. Era un trabajo en equipo, tanto de unos como de otros.  

Pues eso, a pesar de mis 65 años, de estar en periodo de prolongación de la vida laboral, de ser uno de los días el segundo día tras las vacaciones, que suele ser el peor porque ya se han enterado de que has vuelto, me pongo el mundo por montera y allá  que voy a la lucha. 

No lo hago por dinero, lo que me pagan por hora, es la misma cantidad que la hora de trabajo por la reparacion de la moto de mi hermano. Ya sé que es un negocio, etcétera, etcétera y que no se puede comparar. Pero es eso, contra 4 horas “extraordinarias” de un profesional que ha sido 23 años formador, tutor de residentes de familia (a lo peor esto no tiene importancia). ¡Ah!, y ha trabajado y participado en los resultados de uno de los centros de salud top de Madrid. 

He de reconocer que sí pesan los años, ya no es lo mismo y tanto física como mentalmente me resulta duro. A pesar de todo, debo hacerlo: este desmantelamiento canalla de la atención primaria va a afectar a las clases sociales más desfavorecidas, las que no tienen posibilidad de contratar un seguro privado. Esto me INDIGNA, porque es la mayoría de la población a la que atiendo, mi población, y se suma al problema económico y social que arrastran, a una maniobra política injusta e inicua. Lucharé todo lo que pueda contra ello y como digo desde hace meses: ¡qué falta de compasión social! 

¡Qué pena me da este Madrid insolidario, con lo que hemos sido! 

José Antonio González-Posada Delgado, médico de familia, Centro de Salud Universitario El Greco, Getafe, SERMAS.


La insoportable levedad de la atención primaria

agosto 9, 2021

Capítulo 1. EL CLIENTE INTERNO

 
Todas las mañanas, antes de empezar la consulta como médico de familia en mi centro de salud, compruebo cuántos pacientes han acudido a urgencias y cuántos han sido dados de alta en algún servicio hospitalario de la red sanitaria pública. Las historias de alta hospitalaria son una gran ayuda, porque, en el resumen, explican todo lo que le ha sucedido al paciente y aquellas exploraciones complementarias que han realizado durante su ingreso, enumerando el diagnóstico principal y los secundarios que presenta el paciente; sin olvidar los tratamientos, aspecto fundamental.  

La insoportable levedad del ser. | Milan kundera. | Anfetamina | Flickr

Esta mañana, en un paciente dado de alta, he visto que le han derivado a otro servicio por un episodio que ya había estudiado yo previamente (derivación a cardiología con todo tipo de exploraciones complementarias registradas) y que constaba en la historia clínica de atención primaria. Como ahora existe la posibilidad de realizar una consulta telemática (“e-consulta”), informé al servicio de dicho episodio y su contenido. La contestación fue que la consulta al programa Horus, donde se puede consultar todo lo que tiene que ver con primaria y especializada, en la parte que nos toca a primaria, resulta un galimatías de episodios que cuesta mucho separar lo que es importante de lo que no. Lamentablemente, he de darles la razón. 
 
Uno de los problemas que tenemos es que los episodios de nuestra clasificación CIAP (Clasificación Internacional de Atención Primaria) pueden ser agudos, subagudos y crónicos. Los agudos los podemos cerrar automáticamente o, si en tres meses no se han tocado (no se ha añadido ninguna información), se cierran solos. Los crónicos quedan para siempre, como es lógico, salvo que el profesional decida cerrarlos. El problema se plantea con los episodios subagudos, que son mayoría en atención primaria: para cerrarlos hay que ir de uno en uno, entrando y registrando la fecha del cierre. Parece sencillo y lógico, y lo sería si tuviéramos el tiempo necesario para tener una historia clínica al día (una historia de calidad, algo que no parece importar a nadie). Seguramente, los informáticos responsables de la historia clínica no saben de la falta de tiempo en nuestras consultas o tal vez sea que el tiempo en atención primaria no se valore. 
 
El problema tendría fácil solución: al igual que los episodios agudos que llevan más de 3 meses sin haber sido tocados desaparecen de forma automática o se cierran cuando damos a un botón incluido en la historia clínica, podríamos tener otro botón para que se desplegarán todos aquellos episodios subagudos y, simplemente con un clic, decidiéramos cuáles mantenemos abiertos y cuáles cerramos, dejando aquellos que nos parecen importantes. Hay que recordar que ya son 21 años historia clínica informatizada en atención primaria, con un acúmulo importante de episodios de enfermedad. 
 
Esto tiene mucho que ver con la con la concepción de cliente interno. Los médicos de familia somos una parte del cliente interno del sistema informático y son ellos, los responsables, los que deberían facilitarnos la solución a este tipo de situaciones. Una historia bien organizada es sinónimo de una buena asistencia. Y, sobre todo, aclara en qué situación se encuentra el paciente, algo que puede redundar en su beneficio. 
 
Reconozco que el sistema Horus ha sido un gran avance, pero, si realmente creemos en la mejora continua, este tipo de mejoras deben estar al día; es bueno para la seguridad del paciente y puede redundar en una eficiente utilización de los recursos en un momento de crisis económica. Todo lo que mejore nuestro trabajo, de forma indirecta, va a afectar en nuestros pacientes, objetivo final del sistema sanitario. 

José Antonio González-Posada Delgado, médico de familia, Centro de Salud Universitario El Greco | 09/08/2021


Élites

junio 14, 2021

Ni derechas ni izquierdas, es cuestión de élites, de élites sociales. Me lo comentó el otro día un paciente: se citó para una segunda opinión, había ido a que le vieran en un reputado hospital privado por el tapón de la sanidad pública; diagnosticado de hernia inguinal y colelitiasis le habían solicitado, además de los consabidos análisis, ecografías, TC abdominal y derivado directamente al quirófano (un único cálculo que no tenía el tamaño para indicación quirúrgica y la hernia era tan pequeña que ni la vieron en el TC); se citó conmigo porque hace tiempo, antes de la pandemia, hace una eternidad, acudió con su mujer embarazada con un cólico biliar y la derivé adecuadamente a urgencias; parece que mi decisión y actitud le dieron confianza, algo que no le da la medicina privada porque cree que lo que les importa es hacer caja.

El caso es que me explicó lo que él creía sobre la sanidad actual, hay cuatro niveles sociales: los estratosféricos, a esos casi no los tenemos en cuenta, están en el Olimpo de los dioses, tienen tanto que se pueden ir a EE. UU. o donde deseen; luego están los ricos, se pueden permitir una sanidad de calidad en la privada sin problemas; luego los intermedios como él, que pueden hacer un cierto esfuerzo, pero no llegan a todo, cuando se salen de cierto límite no pueden, suelen ser autónomos o asalariados con los sueldos de los de ahora, como ejemplo me comentaba todo lo que tiene que ver con la odontología (menuda paupérrima salud bucodental tenemos); y por último los que se tienen que conformar con lo que hay, aquí, yo incluyo a la mayoría de mis pacientes, jubilados, amas de casa, viudas, que no son pobres extremos, pero sus sueldos nos les dan para mucho, sobre todos aquellos que viven solos y que dependen de un solo sueldo o pensión. Estos últimos, que son los más vulnerables, son los que acuden a los médicos de familia de la, peyorativamente llamada, Seguridad Social. El resto, ricos e intermedios, intentan que no seamos un obstáculo en su utilización de los “especialistas… hospitalarios”, utilizan “sociedades” para procesos no complejos. Ahora, eso sí, cuando llegan mal dadas, se pasan al hospital “público”. Juan Simó lo explica mejor que yo: una atención primaria para pobres y una atención  hospitalaria universal para todos. Nuestro país no es como en el Reino Unido, donde el médico de familia, el general practitioner, el GP (“Yipi”), tiene mucho arraigo social. A nuestro Servicio Madrileño de Salud con nuestros políticos actuales a la cabeza, nunca se les ocurriría realizar un gran homenaje al Sistema Nacional de Salud (SNS) en unos Juegos Olímpicos, seguro que ni tan siquiera en una corrida de toros.

En España, en unas comunidades más que en otras, Madrid es de las que más, se intenta acabar con este sistema, penalizando, como siempre, a los más débiles y vulnerables. Se sigue la “ley de los cuidados inversos” que enunció nuestro maestro Tudor Hart, los que más necesitan de una buena sanidad, son los que menos acceso a ella tienen y no es porque no seamos buenos, lo somos y mucho, si no por las condiciones de trabajo. Nuestra Consejería de Salud, supongo que con la aquiescencia de la de Hacienda, es una gran campeona en esta lid. Valga un botón de muestra para aviso de navegantes: hoy acude a mi consulta un paciente de unos 45 años al que diagnostiqué que un cáncer; todo ha ido muy bien y se encuentra perfectamente; su empresa ha suscrito un seguro con una “sociedad” (dan exenciones fiscales) pero a él no le han incluido ¿Pueden adivinar por qué? Y otro paciente con diabetes tipo 1 a la que no le “cogen” en ninguna aseguradora. No es que me parezca mal que una empresa lo haga, siempre y cuando no se perjudique a los más vulnerables. El trato a la sanidad pública, perdón, a la atención primaria pública, es de una bajeza moral que no tiene nombre. No importa que personas relevantes hayan pedido que se refuerce (ver videos cortos) como Bill Gates, el Dr. Rafael Matesanz, creador de la ONT (Organización Nacional de Trasplantes) o Beatriz García González-Valcárcel, catedrática e investigadora en Economía de la salud, porque no creo que ninguno de ellos sea sospechoso de político ultra.

Los ilusos, que aún creemos en la equidad del sistema, sabemos que el sistema tiene un símil, se llama Titanic y se está hundiendo. Nosotros, los médicos de familia de lo público, seguiremos con nuestros instrumentos, como la orquesta del Titanic, cuidando a nuestros pacientes… pobres, hasta que, con la complicidad del resto de la sociedad, hundan el barco. O como dice mi compañero José Luis Quintana, nos vayamos por el sumidero.

PD: aún es peor en la educación.

José Antonio González-Posada Delgado

Medicina familiar y comunitaria

Centro de salud universitario El Greco

Getafe. Madrid Mi agradecimiento a SILVIA DIAZ CID que me ha ayudado desinteresadamente con los videos. Y a mi compañero y amigo, el Dr. JUAN BRAVO ACUÑA, por su corrección y paciencia infinita. 


Las malas noticias

marzo 6, 2021

¿Cómo dormí aquella noche?

Unos días antes, perdió durante unos segundos la mascarilla VPPNI (ventilación con presión positiva no invasiva) y la sensación de asfixia se reflejó en su rostro. Tras volvérsela a colocar, después de recuperarse, sus ojos azules me miraron y me dijo: “¡Me quiero morir!”. Los últimos bolos de corticoides no estaban haciendo efecto y en unos días habría que tomar una decisión. Yo sabía que estaba luchando por vivir por sus hijos. Hablamos poco, casi no tenía fuerzas, pero me comentó que le volvía una y otra vez un sueño persistente: soñaba que estaba en Melilla y de la felicidad que sentía cuando su marido, su amor, llegaba de un viaje y  lo volvía a ver. Estoy en paz con Dios y quiero irme con mi amor, me decía, no quiero vivir así.

Pocos días después, supimos que el tratamiento no había sido efectivo, el pulmón estaba destrozado. Una tarde, ya sabiendo que no había nada que hacer, había que decírselo. Como médico de familia, tenía experiencia en este tipo de situaciones y siempre que me he visto obligado a dar estas malas noticias, he tenido enfrente a la persona, no a la enfermedad. Me armé de valor, tal vez fuera por la unión que siempre tuvimos, porque sabía que ella estaba resignada y que no le daba miedo la muerte, ¡qué gran ayuda!, y que lo habíamos hablado en muchas ocasiones cuando estaba bien de salud. No recuerdo las palabras, solo recuerdo el sentimiento, fue como entrar en un túnel donde solo estábamos ella y yo. Volvió a decir que estaba preparada, estaba en paz con su Iglesia, con Dios y quería irse con su marido. Le dije que habíamos hablado con los médicos y enfermeras del hospital, ¡qué gran trato!, y con la unidad de paliativos; por la mañana le pondrían una ambulancia para, como ella quería, poder morir en su cama, que esa noche le pondría su dosis de morfina y tranquilizantes para que la pudiera pasar tranquila. Salí del túnel y me encontré acompañado. Solo faltaba el detalle final.

No recuerdo qué pasó después, pero a pesar de la tristeza, me dejó un sentimiento de paz.

Por la mañana, llegamos pronto al hospital. Como nos dijeron, estaba preparada la ambulancia. Tuvimos algunos problemas con la bala de oxígeno, pero al explicarle la situación al conductor de la ambulancia, todo fueron facilidades. Llegamos a su casa, llegó el equipo de paliativos, tan profesionales y humanos. Dejaron todo preparado para el tránsito final, la morfina, el midazolam y la buscapina. También el profesional de Oximesa se portó con una humanidad extraordinaria. 

Pasada la medianoche, después de que la visitarán todos los familiares que quisieron o pudieron, se despidió de ella, por teléfono, su nieta Andrea, que estaba en Estados Unidos y, ya tranquila, con todo preparado, solo sus cinco hijos con ella, se marchó para siempre. 

La última pregunta que le hice a mi madre, nuestra madre, fue: “¿Quieres decirnos algo?”. Se quedó pensativa unos segundos y con su tono, no se olvida el tono de una madre, y en un hilo de voz, contestó:”¡No os peleéis!”. Ni en el lecho de muerte se deja de ser madre. Fue su última voluntad, fue el último deseo de una madre.

Hace unos días me he dado cuenta de que no recuerdo esa su última noche, qué sentí, cómo dormí, qué soñé. No recuerdo si dormí bien, tal vez soñé con una niña rubia pecosa de ojos azules con trenzas y un pantalón de peto, jugando en el Llano Amarillo de Marruecos. Allí se sentía libre, era antes de nuestra terrible Guerra Civil. Y ya de adulta y joven, la soñé o sentí su felicidad, cuando en Melilla, su marido, mi padre, volvía de viaje.

De todo lo demás ha sido consciente y lo he revivido en múltiples ocasiones.

¡Qué misteriosa es la mente, qué misteriosa es el alma!

COROLARIO DEL MÉDICO DE FAMILIA

Una de las situaciones más difíciles para un médico de familia es tener que dar malas noticias. Se necesita un compendio de técnicas de comunicación, tecnología punta no valorada por muchos, conocimientos de la enfermedad y humanidad, mucha humanidad. Estas experiencias nos sirven, como persona y como médicos de familia, para enfrentarnos con humildad al dolor de una pérdida. Dadas las actuales circunstancias, ante el dolor de mucha gente y de muchos profesionales, creo que es importante transmitir aquello que, dentro de nuestra profesión, nos hace más humanos, ese equilibrio que tiene la Medicina, entre las humanidades y la ciencia.

Por desgracia, la actual situación de la medicina de familia, abandonada por los políticos, hace que muchos compañeros tiren la toalla y deseen jubilarse lo antes posible, impidiendo ese trasvase de experiencias. El otro día, oía por la radio, que el recientemente fallecido poeta y premio Cervantes, Joan Margarit, decía que, para ser poeta, había que haber vivido. Los jóvenes médicos de familia pueden vivir de nuestras experiencias para profundizar en sus conocimientos, tanto en la parte biológica como en la de la comprensión de la mente y del espíritu humano, porque queremos que sean mejores que nosotros, el mayor deseo de un maestro.

Qué pena de riqueza desperdiciada, qué injusto maltrato.

DEDICADO A MI MADRE Y A TODAS LAS MADRES.

José Antonio González-Posada Delgado, médico de familia, C. S. U. El Greco (Getafe).


Registro individual de vacunaciones frente a la COVID-19 integrado en AP-Madrid (adenda)

enero 23, 2021

Como complemento a la entrada previa Registro individual de vacunaciones frente a la COVID-19 integrado en AP-Madrid, queremos añadir que solo dos comunidades y ciudades autónomas (3/18) están aplicando un sistema informático específico para el registro individual de las vacunaciones frente al COVID-19, diferente del habitual utilizado para otras vacunas. Estas son: Asturias y Madrid.

Solo una, Madrid, no permite, al menos por el momento, la consulta de los pacientes que han recibido la vacunación.

Mapa de elaboración propia con información recogida por nuestros colaboradores, los gipivacunautas (el gipi)


Registro individual de vacunaciones frente a la COVID-19 integrado en AP-Madrid

enero 20, 2021

La Gerencia de Atención Primaria debe apostar por el registro de la vacunación frente a la COVID-19 en su programa de historia clínica informatizada (AP-Madrid).

Los profesionales sanitarios de Atención Primaria deben tener la posibilidad de registrar y consultar la situación vacunal frente a la COVID-19 de los pacientes a los que atienden.


20 de enero de 2021

Desde los comienzos de la informatización de la historia clínica en la red sanitaria pública de Atención Primaria (AP) en la Comunidad de Madrid, primero formando parte del INSALUD y luego dentro del Instituto Madrileño de Salud, el registro individual de las vacunaciones ha estado integrado en la aplicación general de la historia clínica, inicialmente OMI-AP y luego, en la aplicación derivada para un sistema con base de datos centralizada, llamada AP-Madrid.

La integración de los registros vacunales, ligados a la historia clínica de cada paciente, ha facilitado su actualización y mantenimiento en la red de AP, así como su consulta directa por los pacientes, desde “Mi Carpeta de Salud”, como por los profesionales sanitarios desde los centros de AP, recursos para la atención urgente y los hospitales de la red pública.

Estos datos individuales sobre inmunizaciones, provenientes de la AP, se han venido volcando regularmente en la base de datos general de vacunaciones de la Comunidad de Madrid, denominada Sistema de Información de Salud Pública y Alimentación (SISPAL), alimentada también por otras fuentes, como las vacunaciones administradas en el ámbito de la medicina privada, entre otros.

Ante la campaña de vacunación, con motivo de la pandemia de COVID-19, la Consejería de Sanidad de Madrid utiliza una nueva aplicación específica para el registro individual informático de las vacunaciones contra esta enfermedad, el Registro Unificado de Vacunaciones (RUV). Dicha aplicación es externa a AP-Madrid y, por el momento, su acceso queda restringido a un profesional responsable por centro de salud y turno, tanto para el registro de nuevas vacunaciones como para su consulta.

Consideramos que no es una medida acertada y entendemos que, pese a la situación excepcional actual, el registro de las vacunaciones debe mantenerse siguiendo la vía habitual que los profesionales están habituados a utilizar. Especialmente porque, de esta manera, se permitirá su consulta en línea desde cualquier punto de la red corporativa (centros de salud, SUMMA 112 y hospitales), en beneficio del paciente. Además, el registro de estas vacunas en AP-Madrid favorece el cumplimiento de la pauta vacunal mediante avisos automáticos de dosis pendientes.

Ahora bien, al no disponer Madrid hasta la fecha de un registro vacunal individual accesible desde Internet, como sí hay en otras CC. AA., consideramos que sería aconsejable contar con una vía accesoria para el registro de vacunaciones en personas no incorporadas al sistema, como el denominado RUV.

Por lo tanto, proponemos que el registro individual de vacunaciones frente a la COVID-19 esté integrado en AP-Madrid, utilizando el módulo incluido en dicha aplicación, la cual   puede permitir, además, enlazar, a determinadas vacunaciones, el lanzamiento de formularios (protocolos) para su cumplimentación, incluyendo criterios de inclusión y exclusión, etc., y la emisión de certificados (informes ligados al protocolo) de vacunación, si fuera preciso.

En cualquier caso, la Gerencia de Atención Primaria debe garantizar la posibilidad de registrar la vacunación en la historia clínica informatizada de Atención Primaria (AP-Madrid).


Para cualquier duda, pregunta, muestra de apoyo, etc., relacionada con este asunto, la referencia es nuestra dirección de correo de Gmail: elgipi.

Este documento está disponible en formato PDF:
Registro individual de vacunaciones frente a la COVID-19 integrado en AP-Madrid


Se puede consultar un mapa con las comunidades que utilizan un registro específico para la vacuna frente a la COVID-19 en esta adenda.


Apoyan esta iniciativa:

Asociación Madrileña de Salud Pública (AMASAP)
Asociación Madrileña de Pediatría de Atención Primaria (AMPap)
Sociedad Madrileña de Medicina de Familia y Comunitaria (SoMaMFyC)
Grupo Independiente de Pediatras Informatizados (el gipi)


Un tiempo para vivirlo

enero 18, 2021

MELANCOLÍA DEL DESAPARECER*

Y pensar que después que yo me muera,
aún surgirán mañanas luminosas,
que bajo un cielo azul, la primavera,
indiferente a mi mansión postrera,
se encarnará en la seda de las rosas.

Y pensar que, desnuda, azul, lasciva,
sobre mis huesos danzará la vida,
y que habrá nuevos cielos de escarlata,
bañados por la luz del sol poniente
y noches llenas de esa luz de plata,
que inundaban mi vieja serenata,
cuando aún cantaba Dios, bajo mi frente.

Y pensar que no puedo en mi egoísmo
llevarme al sol ni al cielo en mi mortaja;
que he de marchar yo solo hacia el abismo,
y que la luna brillará lo mismo
y ya no la veré desde mi caja.

Agustín de Foxá.

Ya hice referencia en mi entrada anterior a que he cumplido 65 años y aún con posibilidad de jubilarme, no lo he hecho. La  razón principal era poder acabar al mismo tiempo que Victoria, mi R4 de familia (medicina familiar y comunitaria). Gracias a ella sigo en la brecha y se lo agradezco porque, además, me ha permitido presenciar situaciones que ni en sueños, mejor dicho, en pesadillas, hubiera vivido como médico: la pandemia y una nevada que ha bloqueado a toda la Comunidad de Madrid.

Sobre la PANDEMIA no creo que nadie hubiera querido que sucediera, pero de ella he sacado una experiencia personal y otra profesional.

En lo personal, comprobé que en un momento determinado podría ser yo una de sus víctimas, una forma de sentirme en comunión con el sufrimiento de mis pacientes. “Sentarte al otro lado de la mesa”, cambia tu perspectiva. Bien elaborado, te hace crecer como persona y como médico. Y otra, para saber que “morir en esta tarea es cosa de buen torero” como cantaba doña Concha Piquer en “Romance de valentía“. Por primera vez en mi vida profesional, ser médico podía ser peligroso, incluso mortal. Me pareció una forma de evaluar eso que llamamos vocación y si no fuera porque estuve enfermo de la COVID-19, me hubiera apuntado a IFEMA o lo que hubiera sido necesario. Curiosamente no tuve miedo, sino tristeza y responsabilidad por mi familia. Tuve suerte, salí bien y eso me da pie a recordar, en un homenaje cariñoso, a todos los pacientes y compañeros que no la tuvieron.

En lo profesional, una enfermedad nueva te obliga a estar continuamente al día. Todo era nuevo, sigue siendo nuevo incluso ahora. Gracias al trabajo de muchos colegas, un ejemplo fue la Semfyc, ayudándonos a mantenernos al día, sintetizando la ingente cantidad de información que se nos venía encima. O las ingeniosas ideas que otros compañeros han desarrollado para tener acceso a la nueva información, algo que en mi centro ha brillado a gran altura y que se compartía de forma desinteresada. Ideas que sirven para aglutinar y hacer equipo. No sé si estas ideas y sus ideólogos serán, alguna vez, tenidos en cuenta por nuestra administración. 

Como equipo, la generosidad y el sacrificio han sido la tónica general. Y ha permitido dar visibilidad a profesionales humildes, que nunca han querido destacar, pero que han tenido un comportamiento valiente y muy profesional, vaya mi admiración por ellos y mi gratitud. 

No debo olvidarme de todos los apoyos de otras personas no sanitarias que han trabajado con nosotros.

En relación a la GRAN NEVADA hemos aprendido varias lecciones. 

Primera, que estamos muy mal preparados para estas situaciones. En EE. UU. se hacen simulacros para situaciones críticas. No creo que en España haya protocolos o guías para estos casos, cuando, ni tan siquiera, tenemos guías de práctica clínica sistemáticamente revisadas sobre enfermedades prevalentes. Así nos va. 

Segunda, algo que ya veníamos comprobando con la pandemia. Las consultas presenciales no son tan necesarias. ¡Cuidado!, no soy partidario de esta locura de consultas telefónicas, pero se podrían haber habilitado nuevas formas de consulta, con estudios de investigación serios, para que el sistema fuera más eficiente. Bastaba con consultar y dar voz a los profesionales y establecer que, por ejemplo el sistema informático, estuviera más al servicio de los profesionales. Al fin y al cabo somos el cliente interno. 

Tercera, que podemos conseguir, en situaciones especiales, trabajar desde puntos distintos. Tengo mi centro de salud en Getafe, este lunes pasado, trabajé en coordinación con mi R4 que estaba en Parla, y yo en Las Rozas. Gracias al nuevo servicio telefónico, algo muy positivo y útil,  podíamos hablar directamente. Y por WhatsApp (esto nos falta), todos los médicos de familia nos pusimos de acuerdo para ayudar a los compañeros que estaban más agobiados. Gracias a la intranet podíamos acceder a todas las agendas del centro de salud, a las exploraciones complementarias y al hospital de referencia. No todo es negativo en el sistema informático, esto tiene un gran valor añadido, aunque queremos más.

Conclusión: como todos sabemos, de las crisis se puede aprender y crecer, esperamos que realmente se aproveche… aunque yo, como en el poema inicial, no lo veré, desde donde esté.

José Antonio González-Posada Delgado, Médico de Familia.
* Dedicado a mi padre y sus poemas de cabecera al final de su vida: Melancolía del desparecer de Agustín de Foxá y El viaje definitivo de Juan Ramón Jiménez.


Insurrección o precipicio

septiembre 14, 2020
Encierro de médicos de familia en el Colegio de Médicos de Madrid en 1982 https://saludpublicayotrasdudas.wordpress.com/album-de-fotos/jun-1982_encierro-mfc-colegio-medicos-madrid/

Tuve la fortuna de conocer a un brillante compañero de las primeras promociones de médicos de familia. Pasó una temporada en mi consulta “reciclándose” porque había estado años en una dirección y volvía a la consulta. Una gerente no aplaudió con la suficiente fuerza la descabellada idea del área única (solo ha venido bien al dinero privado infiltrado en la sanidad madrileña) y fue cesada. Se marchó con ella toda la dirección, este compañero formaba parte de ella Es el último acto de dignidad que recuerdo en la atención primaria de Madrid. En las semanas que estuvimos juntos hablamos de muchas cosas y se me quedó grabada una frase: José Luis, los médicos de familia no queríamos sólo cambiar la sanidad, queríamos cambiar el mundo. La primera promoción de médicos de familia se inició en 1979 con un ímpetu y un entusiasmo enorme. Las primeras hornadas de médicos de familia sentaron bases conceptuales, formaron los centros de salud, diseñaron su propia historia clínica, genogramas, la perspectiva comunitaria y fundaron una sociedad científica (semFYC) para poder compartir sus experiencias. Un proyecto ilusionante que creo sinceramente que, con sus luces y sus sombras, cambió radicalmente la atención primaria española y por ende todo el sistema nacional de salud.

Hoy, 40 años después, la atención primaria de Madrid, la atención primaria española, ha colapsado. Cuando hablo de colapso no me refiero a una carga de trabajo inasumible -que la tiene- hablo de un colapso profesional y estructural. Nadie se niega a cambios planificados, todo ha de evolucionar. El problema es que no hay plan y los cambios se hacen por urgencia y por inanición.

La pandemia no ha sido más que la puntilla. La atención primaria estaba muy dañada y al someterle a presión se han visto muy claros todos las deficiencias que ya estaban presentes. Años de insuficiencia presupuestaria (decenas de entradas del blog de Juan Simó lo certifican y la propia Comisión para la Reconstrucción Social y Económica del Congreso de los Diputados lo avala) la desidia y el olvido de sus graves problemas (la masificación, la burocracia, la falta de investigación propia, la ausencia de presencia real en la universidad…) han conseguido espantar a los profesionales que la ven como una máquina de picar carne en la que no desean ser triturados. Unos se van a las urgencias, otros a las direcciones, otros repiten el MIR, otros marchan al extranjero… Se lleva años avisando de la situación, una y otra vez. Da lo mismo. La realidad es que no hay médicos de familia para contratar. Ni aunque se quisiera.

Así, los centros viven un verdadero calvario al coincidir, plantillas ya reducidas, vacaciones, bajas o similares (hago verdaderos esfuerzos por entender la extravagante política seguida desde riesgos laborales con los compañeros considerados “sensibles”) y el repunte de casos y su cascada de PCR sin que se haya visto un refuerzo ni en pintura. Tuve que interrumpir mis vacaciones y volver a trabajar para impedir que mi centro se derrumbase. Incluso se ha ordenado a una compañera de mi centro ir a trabajar a otro que seguro que está aún peor que el nuestro. Centros cerrados a la actividad presencial por falta de recursos desde las 6 de la tarde… el desastre. Para nosotros, los profesionales, es una hecatombe. Para la población, está en juego su salud. La atención de mala calidad se traduce en enfermedad y mortalidad.

Centro de salud Alicante (Fuenlabrada)

Nos encaminamos así a la demolición final del proyecto inicial. Me decía el otro día por WhatsApp un amigo médico de familia que corremos el riesgo de volver a la atención primaria prerreforma: masificación, recursos insignificantes, el lugar donde resolver la burocracia y poco más. Es un riesgo cierto. La desmotivación, las ganas de marcharse y la sensación de derrota que tienen los profesionales completa el cuadro.

Por más vueltas que le doy solo encuentro una salida. Seguro que hay más pero no las veo. Lo primero de todo es decir la verdad: la primaria se nos cae a trozos por puro abandono. Lo primero para salir del hoy es dejar de cavar. Lo segundo es pagar el enorme esfuerzo que se está haciendo. Los repartos de cupos y los doblajes por las ausencias se hacen gratis o por cantidades irrisorias de dinero. Es probable que ni con dinero aparezcan muchos voluntarios (no se puede más) pero al menos se habrá reconocido que se está trabajando de más y se acaba con el “todo gratis”. Lo tercero es poner en marcha un amplio plan para hacer prestigiosa a la atención primaria. A lo mejor los médicos de familia dejarían de irse a urgencias, a repetir el MIR o al extranjero si esto fuese así. El plan debe incluir al menos el incremento presupuestario, un incremento de recursos humano y materiales, mirar de frente al grave problema de la pediatría en atención primaria, la entrada en la universidad como las demás especialidades, el acceso sencillo a la investigación, la compatibilidad con la vida familiar (los turnos de tarde), situar a la primaria en el núcleo de la toma de decisiones para impedir las que le perjudican (pasar de mendigar a pedir soluciones) y la desburocratización prometida desde hace más de una década en permanente “parto de los montes”.

Hoy he oído a la presidenta de la Comunidad de Madrid anunciar 80 millones de euros para la atención primaria. Mejor el anuncio que nada, pero hay que recordar que en la pasada legislatura se pactó un incremento anual de 30 millones anuales (30-60-90 y 120) y no sé dónde fueron

O sea, hace falta dinero, inteligencia para gastarlo y valor político para impulsar reformas para las que habrá resistencias. Tal vez una cuarta y más complicada, los profesionales de atención primaria tienen que juntar energías y exigir soluciones.

O insurrección o precipicio

José Luis Quintana. Médico de familia