Quiero morir sin desnatar

Nos hace llegar, nuestra buena amiga Carmen, una reflexión para convertirla en un post. Somos conscientes de que nos alejamos de nuestra línea editorial pero… para eso están las excepciones y los amigos. Esta vez no le hemos cobrado nada. Repetimos, esta vez.

El término eutanasia parece haberse consagrado al momento concreto en el que hay que hacer algo para acabar con el sufrimiento de un paciente, generalmente terminal, que así lo desea. Pero etimológicamente proviene del griego y quiere decir buen morir.

Y digo yo, que aunque la muerte es un momento, morir es un proceso que puede ser bueno o malo, en función de tener o no una familia y unos profesionales alrededor, no solo competentes, sino sensatos.

Para Neruda, la muerte no es un momento:

“Muere lentamente quien se transforma en esclavo del hábito, repitiendo todos los días los mismos trayectos, quien no cambia de marca, no arriesga vestir un color nuevo y no le habla a quien no conoce.

Muere lentamente quien evita una pasión, quien prefiere el negro sobre blanco y los puntos sobre las “íes” a un remolino de emociones, justamente las que rescatan el brillo de los ojos, sonrisas de los bostezos, corazones a los tropiezos y sentimientos.

Muere lentamente quien no voltea la mesa cuando está infeliz en el trabajo, quien no arriesga lo cierto por lo incierto para ir detrás de un sueño, quien no se permite por lo menos una vez en la vida, huir de los consejos sensatos.

Muere lentamente quien no viaja, quien no lee, quien no oye música, quien no encuentra gracia en sí mismo.

Muere lentamente quien destruye su amor propio, quien no se deja ayudar.

Muere lentamente, quien pasa los días quejándose de su mala suerte o de la lluvia incesante.

Muere lentamente, quien abandona un proyecto antes de iniciarlo, no preguntando de un asunto que desconoce o no respondiendo cuando le indagan sobre algo que sabe.

Evitemos la muerte en suaves cuotas, recordando siempre que estar vivo exige un esfuerzo mucho mayor que el simple hecho de respirar.

Solamente la ardiente paciencia hará que conquistemos una espléndida felicidad”

Para mí tampoco. ¿Acaso no muere lentamente el anciano que olvida poco a poco su pasado, el día en el que vive o quiénes son sus seres queridos, en un lento proceso a veces sobrecargado de pruebas, ingresos, prohibiciones dietéticas y pastillas para el colesterol?

Removida por una situación cercana, me parece imprescindible desde nuestra posición privilegiada en atención primaria, enseñar a los estudiantes y a los residentes, y practicar todos el único fundamentalismo aceptable en el acompañamiento de la buena muerte: el de la sensatez. Porque, ¿a quién no le gustaría morirse sin desnatar y comiéndose un helado de postre, digan lo que digan los análisis?

Carmen Martínez González. Pediatra.

Una respuesta a Quiero morir sin desnatar

  1. Javier dice:

    Amen. Se puede decir más alto pero no mas claro.

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