El gasto en farmacia

El gasto farmacéutico

 

Leemos en los medios de comunicación que el gasto de farmacia (el de la farmacia que proviene de las recetas) vuelve a subir. Es probable que todo el impacto del copago de farmacia ya haya quedado absorbido.

Que tenemos un consumo de medicamentos desbocado es cierto, pero no lo es menos que incidir solo en una parte (la más débil), en la supuesta avidez de los pacientes por el consumo de medicamentos, que existe pero, desde luego, no es la norma, no va a solucionar esto.

Sin abordar otros temas como:

  • La superespecialización que conduce a múltiples visitas de superespecialistas. Cada uno de ellos sólo 2 fármacos… resultado 12 fármacos. Sin una visión generalista de los pacientes, sin la imprescindible coordinación de objetivos entre primaria y hospitales, sin organizar tratamientos cumplibles, sin plantear objetivos terapéuticos razonables, sin dejar de aplicar los conocimientos científicos al “estilo ley del Talión”… será imposible.
  • Se financia prácticamente todo lo que no envenena, aunque los datos fríos demuestren su inutilidad. Sin reformar la financiación de los medicamentos hasta convertirlo en algo sensato y transparente… no será posible. Para muestra… un botón.
  • Sin echar mano y revisar la extraña relación de los fabricantes de medicamentos con los médicos y las sociedades científicas, campo abonado para el cambalache y la falta de ética.
  • Sin contrapesar el bombardeo de los medios que acaban por asimilar malestar con falta de fármacos, sin advertir de los riesgos de la sobremedicación con información independiente, no será posible
  • Y… al final, intentar evitar los escasos problemas de abuso por parte de los pacientes. Sin todo esto y muchas cosas más, no podrá ser,

Escribo esto porque me lo pide el cuerpo, no porque crea que nada de esto se hará.

José Luis Quintana, médico de familia.

Anuncios

2 Responses to El gasto en farmacia

  1. Muchas gracias José Luis,

    La verdad es que sólo con que se hiciese alguna de tus sugerencias ya sería posible generar un ahorro real y no un simple cambio de pagador. Las últimas reformas sanitarias han hecho que lo que hasta ahora pagaba el estado a través de las aportaciones de todos los ciudadanos con nuestros impuestos, ahora sea pagado sólo por los individuos enfermos. ¡Olé! La función de protección del estado.

    Sin embargo, hay medidas que, aunque son responsabilidad del estado, cada vez estoy más convencida de que somos los propios profesionales (debería partir de los políticos, pero ya he perdido toda esperanza…) los que debemos exigir su puesta en marcha.

    Intentaré iniciar la argumentación de porqué creo que es necesario seguir exigiendo reformas que hagan realmente sostenible el sistema:

    El incremento en los costes en fármacos y tecnologías sanitarias es siempre creciente. No en vano las empresas de tecnologías sanitarias son, junto con la industria armamentística, los grandes motores económicos del mundo, y la investigación biomédica es principalmente privada (es decir, depende de estas empresas que obviamente buscan beneficios detrás de la misma). Estos hechos hacen que las expectativas de beneficios de esas empresas hagan que el gasto sanitario sea siempre creciente, independientemente de otros elementos que computen en el mismo.

    De hecho, la experiencia nos dice que los intentos de reducir gastos sanitarios a expensas de los otros elementos, como gastos en personal (que es lo único que la administración hasta ahora ha sabido hacer) son reducciones que en menos de un año se “ha vuelto a comer” el gasto en fármacos y tecnologías sanitarias.

    Pues bien señores responsables de sanidad, a ver si hay suerte y alguno se mete en tu blog José Luis, las reformas reales no van en la línea de los recortes en el capítulo de personal. De hecho como hace unos meses tuve la oportunidad de decirle responsable de este capítulo, se puede reducir tanto esta partida como hasta llegar a casi 0 (“cero”), pero eso no hará del sistema un mejor sistema sanitario ni tan siquiera se garantizará que vaya a ser más barato.

    España es un país pobre (o empobrecido para aquellos que crean que algún día fuimos ricos) y como tal tenemos la obligación de decidir en que nos gastamos nuestro dinero. Es el llamado “coste de oportunidad” y es que, desafortunadamente el dinero que nos gastamos en una cosa, dejamos de gastárnoslo en otra. Creo que es responsabilidad de toda la sociedad, y no sólo de los políticos, decidir en qué nos lo gastamos (y en el qué incluyo no sólo aspectos sanitarios, incluyo todos aquellos gastos que dependen del estado: asesores, agencias, infraestructuras…).

    Esto, que es una verdad de perogrullo, entiendo que es algo políticamente incorrecto y por tanto puede ser utilizado en contra de aquellos que valientemente decidan poner esta medida en marcha. Pero si somos lo suficientemente generosos como para, evitando protagonismos innecesarios, querer lo mejor para el país y no sacar mayor rentabilidad del mismo que el propio mantenimiento del sistema, seremos capaces de conseguirlo.

    Centrándonos sólo en aspectos sanitarios, aunque me gustaría que se entendiese integrado dentro de todos los gastos del estado…

    Desde hace ya varios años en países de nuestro entorno, humildemente y con sensatez, han sido capaces de asignar un precio a los años de vida ajustados por calidad (AVACs), que es un producto aritmético de la esperanza de vida combinado con una medida de la calidad de vida en los años restantes, y en función de éste (es decir de lo que el país puede pagar por cada AVAC) se decide si se financian o no
    los diferentes fármacos y tecnologías sanitarias.

    La definición del precio que puede pagar un país por cada AVAC requiere un consenso entre todos los agentes implicados en el sistema sanitario (partidos políticos, profesionales, ciudadanos, pacientes) para que esta definición no pueda ser utilizada como herramienta política de “y yo más” y debería ser modificable en el tiempo en función de la situación del país.

    Este cambio requiere además la existencia de una agencia independiente que evalúe los beneficios en términos de AVACs que genera cada nueva intervención sanitaria, de forma que la decisión de financiar o no una intervención (o desfinanciarla en los casos necesarios) se tome con una base científica y no existan otros elementos “influenciables” que condicionen dichas decisiones.

    Todo ello, que no es más que una de las sugerencias que desde hace ya un año hemos venido haciendo los profesionales sanitarios, supone el inicio de una reforma sanitaria que contribuirá a hacer realmente sostenible el sistema. Pero claro, esto no es más que la sugerencia de profesionales, que tachados de politizados y de interesados en su beneficio personal, llevamos intentando aportar soluciones al sistema ya más de un año.

    Mil gracias por darme cabida en tu blog. Un fuerte abrazo,

    Patricia Alonso-Fdez

    • José Luis Quintana dice:

      Muchas gracias a ti Patricia por escribir y por escribir tan acertadamente. Estoy del todo de acuerdo en lo que escribes, una suerte contar contigo. Un abrazo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: