Privacidad e historia clínica

septiembre 19, 2011

La historia clínica de atención primaria es compleja. Yo creo que se equivoca quien piense que “conoce a sus pacientes”. Conocemos una parte de su vida, unos dejan ver mucho y otros poco  o casi nada. Eso es lo que sabemos de ellos. Lo cierto y verdad, es que quedan registradas las patologías, los factores de riesgo y otra miscelánea de difícil catalogación: hábitos sexuales, estilos de vida, cuestiones laborales…

Vivimos los tiempos de la electrónica, la informática y la información. A la historia del paciente no sólo accede su médico o su enfermero. La historia se ha vuelto accesible para la mayor parte de los sanitarios de la empresa. En las bases de datos centralizadas (en nuestro caso AP-Madrid) por filosofía de uso y en las que no lo son (OMI-AP) la puesta en marcha de “visores” (Horus) lo permiten.

Hace unos días atendí a un paciente que protestaba porque en el informe para ser tratado por el fisioterapéuta aparecían datos personales de ninguna utilidad para el mismo, concretamente sobre el consumo de alcohol, que además, él aseguraba que estaba sobrestimado.

La lógica de las historias clínicas por cómo y cuando se gestaron es que cualquiera que mire la historia viera todo y por lo tanto todos los registros queden visibles. Es cierto que se pueden ocultar, pero hay que recordarlo cada vez y con frecuencia se nos olvida. Además el sitema de ocultación es poco claro y con un funcionamiento mejorable. Si a los pacientes se les pregunta que si tienen inconveniente en que todos los que accedana su historia vean sus diagnósticos y tratamientos seguramente contestarán que no pero seguramente con poca reflexión. El número de situaciones conflicitivas no es pequeño: menor que toma anticonceptivos sin consentimiento de sus padres, antecedentes de interrupcion voluntaria del embarazo, contracepción postcoital, disfunción eréctil, violencia en la pareja, problemas laborales, problemas con la justicia, homosexualidad, etc. Eso pensando 5 minutos, segurísimo que hay infinitas más…

Sinceramente no tengo claro cómo se debe manejar esto porque todo tendrá efectos secundarios, pero creo que es el momento de pensar en invertir la lógica del sistema… todo lo que se escribe pertenece a la privacidad del paciente y por lo tanto es invisible y es el paciente el que debe regular el nivel de visibilidad de las cosas.

José Luis Quintana, médico de familia.