Élites

junio 14, 2021

Ni derechas ni izquierdas, es cuestión de élites, de élites sociales. Me lo comentó el otro día un paciente: se citó para una segunda opinión, había ido a que le vieran en un reputado hospital privado por el tapón de la sanidad pública; diagnosticado de hernia inguinal y colelitiasis le habían solicitado, además de los consabidos análisis, ecografías, TC abdominal y derivado directamente al quirófano (un único cálculo que no tenía el tamaño para indicación quirúrgica y la hernia era tan pequeña que ni la vieron en el TC); se citó conmigo porque hace tiempo, antes de la pandemia, hace una eternidad, acudió con su mujer embarazada con un cólico biliar y la derivé adecuadamente a urgencias; parece que mi decisión y actitud le dieron confianza, algo que no le da la medicina privada porque cree que lo que les importa es hacer caja.

El caso es que me explicó lo que él creía sobre la sanidad actual, hay cuatro niveles sociales: los estratosféricos, a esos casi no los tenemos en cuenta, están en el Olimpo de los dioses, tienen tanto que se pueden ir a EE. UU. o donde deseen; luego están los ricos, se pueden permitir una sanidad de calidad en la privada sin problemas; luego los intermedios como él, que pueden hacer un cierto esfuerzo, pero no llegan a todo, cuando se salen de cierto límite no pueden, suelen ser autónomos o asalariados con los sueldos de los de ahora, como ejemplo me comentaba todo lo que tiene que ver con la odontología (menuda paupérrima salud bucodental tenemos); y por último los que se tienen que conformar con lo que hay, aquí, yo incluyo a la mayoría de mis pacientes, jubilados, amas de casa, viudas, que no son pobres extremos, pero sus sueldos nos les dan para mucho, sobre todos aquellos que viven solos y que dependen de un solo sueldo o pensión. Estos últimos, que son los más vulnerables, son los que acuden a los médicos de familia de la, peyorativamente llamada, Seguridad Social. El resto, ricos e intermedios, intentan que no seamos un obstáculo en su utilización de los “especialistas… hospitalarios”, utilizan “sociedades” para procesos no complejos. Ahora, eso sí, cuando llegan mal dadas, se pasan al hospital “público”. Juan Simó lo explica mejor que yo: una atención primaria para pobres y una atención  hospitalaria universal para todos. Nuestro país no es como en el Reino Unido, donde el médico de familia, el general practitioner, el GP (“Yipi”), tiene mucho arraigo social. A nuestro Servicio Madrileño de Salud con nuestros políticos actuales a la cabeza, nunca se les ocurriría realizar un gran homenaje al Sistema Nacional de Salud (SNS) en unos Juegos Olímpicos, seguro que ni tan siquiera en una corrida de toros.

En España, en unas comunidades más que en otras, Madrid es de las que más, se intenta acabar con este sistema, penalizando, como siempre, a los más débiles y vulnerables. Se sigue la “ley de los cuidados inversos” que enunció nuestro maestro Tudor Hart, los que más necesitan de una buena sanidad, son los que menos acceso a ella tienen y no es porque no seamos buenos, lo somos y mucho, si no por las condiciones de trabajo. Nuestra Consejería de Salud, supongo que con la aquiescencia de la de Hacienda, es una gran campeona en esta lid. Valga un botón de muestra para aviso de navegantes: hoy acude a mi consulta un paciente de unos 45 años al que diagnostiqué que un cáncer; todo ha ido muy bien y se encuentra perfectamente; su empresa ha suscrito un seguro con una “sociedad” (dan exenciones fiscales) pero a él no le han incluido ¿Pueden adivinar por qué? Y otro paciente con diabetes tipo 1 a la que no le “cogen” en ninguna aseguradora. No es que me parezca mal que una empresa lo haga, siempre y cuando no se perjudique a los más vulnerables. El trato a la sanidad pública, perdón, a la atención primaria pública, es de una bajeza moral que no tiene nombre. No importa que personas relevantes hayan pedido que se refuerce (ver videos cortos) como Bill Gates, el Dr. Rafael Matesanz, creador de la ONT (Organización Nacional de Trasplantes) o Beatriz García González-Valcárcel, catedrática e investigadora en Economía de la salud, porque no creo que ninguno de ellos sea sospechoso de político ultra.

Los ilusos, que aún creemos en la equidad del sistema, sabemos que el sistema tiene un símil, se llama Titanic y se está hundiendo. Nosotros, los médicos de familia de lo público, seguiremos con nuestros instrumentos, como la orquesta del Titanic, cuidando a nuestros pacientes… pobres, hasta que, con la complicidad del resto de la sociedad, hundan el barco. O como dice mi compañero José Luis Quintana, nos vayamos por el sumidero.

PD: aún es peor en la educación.

José Antonio González-Posada Delgado

Medicina familiar y comunitaria

Centro de salud universitario El Greco

Getafe. Madrid Mi agradecimiento a SILVIA DIAZ CID que me ha ayudado desinteresadamente con los videos. Y a mi compañero y amigo, el Dr. JUAN BRAVO ACUÑA, por su corrección y paciencia infinita. 


Kopago, képago

marzo 18, 2012

Lo que parecía lejano hace relativamente poco, está aquí. Se introduce el copago sanitario. Ha empezado por Cataluña, pero con toda seguridad, si no hemos perdido el juicio del todo, ha de extenderse al todo el país.

Es posible que no haya más camino, pero lo que se ve venir no tiene buena pinta. No me gusta porque no es una medida para introducir racionalidad en el sistema, es una medida estrictamente recaudatoria. Necesitamos pasta y el sitio más fácil es pillarla en el mostrador de las farmacias. Es como subir el IVA… compras y pagas.

Es evidente, que el actual sistema por el que un pensionista millonario consigue fármacos gratis y un parado con tres hijos los paga, puede y debe ser reformado. Es una medida que introduciría justicia en las aportaciones que realiza cada paciente al precio de los medicamentos.

Si lo que se quisiera es ahorrar dinero en farmacia hay medidas que, en mi opinión, tienen más sentido. La financiación selectiva de medicamentos. No se puede financiar cualquier guarrería farmacológica, que las hay “a puñaos”. Los países modernos, los que de verdad rigen sus destinos, cuando se les presenta un fármaco de los que no aporta nada y es caro, no lo financian y listo. “Lo puede usted vender, pero yo no se lo compro”. Así de fácil. Ayer mientras que pensaba en esto le pregunté a OMI-AP los principios activos que empiezan por “a” que se pueden prescribir. El número y precio de los que la evaluación del ministerio y de las comunidades autónomas dice “no aporta nada nuevo” es escandaloso. En mi humilde opinión, con lo que se sabe ahora, no sé por qué se financia la agomelatina, por seguir con la “a” 😉 y seguir con un ejemplo de hace un par de entradas. Tendría repercusión económica, orientaría a uno-de-los-mejores-sistemas-sanitarios-del-mundo a la prescripción de fármacos consolidados, no como ahora, que es el paraíso de los horteras terapéuticos, amigos de lo ultraúltimo y de cosas menos confesables… en fin. No solo se debería reorientar a los pacientes, también a los sanitarios y a sus responsables. Esto, es tan de cajón que, si no se pone en marcha, solo se me ocurre que sea porque es mucho más fácil meter la mano en el bolsillo de angustiados ciudadanos, que de poderosas multinacionales.

Es la hora de los valientes.

José Luis Quintana, médico de familia.


Premios y castigos

noviembre 11, 2011

Leo en la prensa que Diario Médico premia a la Comunidad de Madrid por la factura sanitaria informativa como una de las mejores ideas de 2011.  En el blog de APISCAM comentan la noticia haciendo mención a que ya se han entregado más de 400 facturas. Resulta paradójico que por hacer lo mismo, eso sí, hace casi 20 años, al gerente del Hospital Ramón y Cajal de Madrid le destituyeran. Es lo que tiene ser pionero.

Noticia prensa

Parece que ahora sí se pueden aplicar algunas de las reformas que proponía el Informe Abril en 1991 y que se puede consultar resumido en la Wikipedia.

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Juan Bravo Acuña, pediatra de cabecera, C.  S.  El Greco.


A río revuelto…

junio 25, 2010

Ya hemos hablado del copago. Hay soluciones peores.

José Luis Quintana, médico de famlia.