Sin palabras

diciembre 3, 2011

JoseLuis Quintana, médico de familia.


Frenesí librelector

abril 13, 2011

Recuerdo perfectamente que, en una reunión de cuando se diseñaba el área sanitaria única para la Comunidad de Madrid, le pregunté a la entonces Viceconsejera de Asistencia Sanitaria, Ana Sánchez (que disfruta, creo, de un merecidísimo descanso), que por qué no se aplicaba un proceso análogo en los hospitales -un gerente único, con nóminas centralizadas, suministros centralizados, adelgazamiento de cargos…- porque si era bueno para primaria, lo sería para especializada… me contestó que, a su tiempo, se haría. Es posible que aún no haya llegado su tiempo o también que no se vaya a hacer.

La libre elección de médico, enfermero, pediatra y lo que sea ha llegado a primaria con tal desmesura que ahora, sentado en la taza del váter y con un ordenador portátil se cambia uno de  médico. Si alguien no se lo cree, que pinche aquí. Se veía venir. Se han inventado verbos: en las reuniones se habla de librelegir. Da igual que lo demás esté manga por hombro. Habíamos dicho que habría libre elección ¡y vaya si la hay! Solo El Corte Inglés nos lleva la delantera, devuelven el dinero, pero que se preparen. Faltan pediatras, pero de los que hay se puede uno cambiar en un día, un número ilimitado de veces.

Obsérvese que hay «barra libre» de médico de familia y enfermero y consulta de las citas de especialista. Resulta que no todos los  especialistas tienen agenda. En mi hospital por ejemplo hay un único cirujano general y tres ginecólogos. En unos sitios es, al menos aparentemente, mucho y en otros poco o nada. Mis pacientes, de lo que se quejan, no es de no poder cambiar de pediatra al niño sentado en la taza, sino de que cuando van al especialista «cada día me ve uno».

¡Cómo está el patio!

José Luis Quintana, médico de familia.


Cosas incomprensibles

noviembre 25, 2010

Llevo casi 25 años trabajando para la misma empresa y hay cosas a las que sigo sin acostumbrarme. Una de las que más me llaman la atención es nuestra necesidad de enredar a los pacientes en circuitos incomprensibles.

 

Gregorio es un paciente de 71 años con EPOC. Vino a mi consulta por una hemoptisis de escasa cuantía. Le pedí una radiografía de tórax. En el informe el radiólogo comenta una imagen que no le gusta en lóbulo medio y que debe ampliarse el estudio.

Pero vamos a ver… quién mejor que el radiólogo para saber que estudio precisa el paciente… pues házselo, te lo citas y se lo haces y me lo mandas después. Porque ahora, como yo no se lo puedo pedir, tengo que mandarlo a neumología para que el neumólogo rellene el volante para que le hagan el CT.  Si el paciente tiene algo grave pierde tiempo y además perdemos papel, tóner de impresora, luz eléctrica, ocupamos huecos de neumología, gastamos recursos del centro de citaciones… No sé pero no me acostumbro.

Tal vez los volantes de radiología deberían rellenarse con el resumen de la historia del paciente y solicitar «estudio radiológico» porque, en el fondo,  es una derivación a un especialista como otro cualquiera y así, en mi opinión, debería interpretarse

José Luis Quintana, médico de familia