De urgencias

marzo 13, 2011

En nuestro centro, tenemos por costumbre que, cuando las consultas están llenas y algún paciente dice que no puede esperar a citarse con su médico -no le llamamos nunca urgencia, porque en primaria prácticamente no existen- se le valora en la consulta que ese día está designada a tal efecto.

Hace menos de una semana atendí a una mujer de 48 años, sana, que no podía esperar. Contaba dolor faríngeo y disfonía; preguntada por la fiebre, me dijo que unas décimas el día anterior. Su médico tenía hueco en la agenda al día siguiente, pero no para ese mismo día. Le dije que no comprendía el motivo por el que no podía esperar, que podía ser atendida al día siguiente, pero que iba a hacer que la viera su médico en ese mismo día, cuando tuviese un poco de tiempo.  Se le dio cita para ese día, vamos, para un rato después, pero al ser llamada para atenderla no estaba. Hoy he contestado su reclamación en la que comenta que tenía que marcharse al trabajo y no podía esperar.

¿Cómo queremos poner orden y racionalidad en un sistema en el que un paciente, que sabe que no tiene ningún problema, ni siquiera mediano (de hecho se marchaba a trabajar) y que alega que no puede esperar, es atendido sin cita en ese día, pasando por delante de los pacientes citados, y cree que tiene derecho a reclamar porque no fue ipso facto? El asunto son las expectativas generadas: venga usted cuando quiera, como quiera, que le atenderemos inmediatamente… ¡no puede ser!. Ha llegado un momento en que voy a empezar a despedirme de los pacientes citados con: ¡Muchas gracias por citarse! En el fondo, es infinitamente más cómodo y sencillo “ir de urgencias”.

Por supuesto, he contestado amablemente la reclamación.

Hace muchos años trabajé en Móstoles. Las urgencias se extinguieron cuando pegamos la lista de citados en la puerta. Los que tenían cita se encargaban de “frenar”, en la propia sala de espera, a los que “no podían esperar”. No sería políticamente correcto, pero esto tampoco es razonable. Algunos acuden “sin límites”.

Hay que buscar soluciones nuevas a los sistemas de citación.

José Luis Quintana, médico de familia.


Yo no derivo pacientes… envío pacientes a la deriva

abril 30, 2010

La frase no es mía. Se la he oído decir a alguien de mi entorno al que ya pido disculpas por no recordar. En el área en el que trabajo se ha construido un hospital la pasada legislatura (uno de los ocho). Las lista de espera de especialidades no sólo no ha mejorado, ha empeorado. Hay excepciones, pero la media es peor que antes.

Atendí hace unos días a una paciente que se había caído al suelo y se hizo daño en la muñeca. Fue a la urgencia de traumatología y la sospecha diagnóstica era de fractura de escafoides. Preguntando a la mujer me dijo que le fallaba una pierna en la que, explorada, tenía una marcada paresia. Intenté una derivación preferente a neurología: para septiembre. Vuelta a la urgencia, finalmente la ingresan para estudio.

La cita preferente de neurología en septiembre, una normal en trauma para octubre…

Esta frase sí se de quién es (José Antonio González-Posada, compañero de centro y de blog) “La urgencia es la demanda del hospital“. En efecto, las esperas y la dinámica de las consultas de atención especializada producen un curioso efecto: o puede esperar muchas semanas/meses o… a la urgencia.  Algunos servicios han habilitado mecanismos para atender a su demanda/urgencia con un impacto favorable en el servicio a los pacientes y también en su lista de espera. Para completar el cuadro en la urgencia está, las más de las veces bastante sólo, el personal menos bregado de la empresa: los residentes. La demanda -sin límite-  sabemos que quema mucho.

Lo que sí parece claro es que hay que hacer más hospitales  ¿no?

Seguir construyendo edificios mientra se reduce la plantilla (no cubrir las vacaciones y bajas es ,”de facto”, reducir la plantilla) me produce perplejidad, pero seguro que es cosa mía, que me falta un máster de esos buenos, de los de gestión.

José Luis Quintana, médico de familia.


A ver quién la tiene más larga

octubre 26, 2009

Paciente varón de 53 años aquejado de una lumbalgia de larga duración. Tras resonancia y electromiograma, el traumatólogo decide que es quirúrgico. Se le remite al “equipo” que se encarga de la cirugía de la columna del propio servicio de traumatología. El paciente es remitido preferente el día 29/09/09 y es citado el 22/03/10. Esto, después de que el enfermo y el servicio de atención al paciente intentasen una cita más temprana. El paciente está de baja que, por descontado, no le pidió al traumatólogo, como debía ser,sino a mí. Cuando vaya, no irá a operarse, sino a confirmar que lo debe hacer. Luego irá al anestesista y de ahí a la lista de espera quirúrgica…

– No culpo de nada al servicio ni al hospital concretos, que estoy seguro de que explicaciones buenas y justas tienen para este dislate.

– Lo de la lista de espera es un despelote, las estadísticas oficiales son las que son y la realidad, otra distinta.

– La lista de espera puede tener efectos beneficiosos para quien la tiene.

– En mi área había un solo hospital con una lista de espera mejorable, pero razonable. Ahora hay dos, con el resultado que cuento. Seguramente es ignorancia, pero no alcanzo a ver la rentabilidad de la descomunal inversión.

– Mientras los traumatólogos le ven, dentro de 6 meses, para encauzar la solución, yo tendré que darle papelitos todas las semanas y alguna cita de vez en cuando para preguntarle (como si, en vez de mi paciente, fuese mi primo): “¿qué tal está?”. Es probable que en estas circunstancias lleguemos al año de incapacidad temporal.

– Se dice mucho que los de primaria llenamos la consulta de los especialistas de tontunas (que será verdad) y muy poco de lo que sucede a la inversa: el montón de consultas de primaria originadas por la llamada lista de espera (que es verdad).

Los datos de la lista de espera son complejos (ya se sabe que la estadística es la parte de las matemáticas que está al servicio del estado). Sería muy interesante saber quién la tiene más larga.

José Luis Quintana, médico de familia.