El efecto bufé en el Sistema Nacional de Salud, el copago y las ideologías

junio 18, 2010

Ella está en el horizonte. Me acerco dos pasos, ella se aleja dos pasos. Camino diez pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. Por mucho que yo camine, nunca la alcanzaré. ¿Para que sirve la utopía? Para eso sirve: para caminar. Eduardo Galeano.

Ideología (RAE): Conjunto de ideas fundamentales que caracteriza el pensamiento de una persona, colectividad o época, de un movimiento cultural, religioso o político, etc.


Cuando uno está de vacaciones en uno de esos hoteles en los que la comida se hace en un bufé libre siempre sale con la sensación de haber comido más de lo razonable. Está en la naturaleza del ser humano: hay de todo y gratis y nos excedemos. A pesar de eso, si uno mira a su alrededor,  algunas personas tienen platos de comida cuya justificación es imposible por apetito ni tras trabajar en la construcción de la pirámides de Giza en Egipto. En fin, corremos el riesgo de dar un “reventón”. Ese es el comportamiento humano ante lo percibido como gratuito.

Con el Sistema Nacional de Salud pasa lo mismo. Casi todos tenemos la sensación de usarlo más de lo debido, pero un porcentaje de población (bautizados como hiperfrecuentadores) se pone “hasta las trancas” de sanidad. Lo primero que ocurre es que el gasto que se origina amenaza con devorar todo el sistema y lo segundo es que, como en las comilonas, este uso excesivo puede ser muy perjudicial para la salud.

No creo que cueste ponernos de acuerdo pues en que hay que introducir medidas que racionalicen el consumo de sanidad y, en este contexto, es inevitable que aparezca el copago, pero no puede ser el único discurso. El copago puede ser muchas cosas: cobrar parte de las consultas o de las intervenciones, pagar parte de los fármacos, financiar unos procesos sí y otros no… Y dentro de esto hay muchas variantes: en los fármacos puedes subir la aportación de todos (pagar, por ejemplo, un euro más por receta) o recurrir a la financiación selectiva (me ha encantado lo bien que cuentan en Hemos leído: el planteamiento neozelandés )

En este punto, he oído a muchos compañeros que hay que “desideologizar” el debate para abordar esto con un criterio supuestamente técnico. Yo creo que no. El copago como concepto abstracto no es ni bueno ni malo, todo depende de cómo se haga. La utopía y las ideas sirven para fijar el rumbo y las decisiones que tomemos nos acercarán o nos alejarán de él, pero si no sabemos dónde queremos ir, da igual el camino que tomemos. Sin ideas llegaremos a medidas de ahorro puro y duro, perdiendo de vista que una de las variables que influyen en el enfermar son las condiciones socioeconómicas y que corremos el riesgo de castigar el uso de quien más lo necesita.
Por tanto, sí a medidas que tiendan a racionalizar el consumo en sanidad (campañas de información que contrarresten el desmedido “vaya al médico para cualquier cosa”, evitar los contactos innecesarios para cientos de trámites absurdos, colaboración de todos en la gestión de la asistencia…) y en este contexto aparecerá indudablemente el copago. No cualquier copago para ahorrar o el que más y mejor ahorre, uno que reparta con justeza los esfuerzos entre todos los actores de la sanidad (no puedo más que acordarme aquí de los grandes beneficios de la industria), que no parezca un ajuste de cuentas con los pacientes por sobreutilizadores, porque los hemos hecho entre todos así. Un copago, en fin, con ideología, pactado para que no sea la escabechina en la que se ha convertido la política española porque todos estamos afectados por el problema.

José Luis Quintana, médico de familia.