Día de la Atención Primaria

abril 13, 2015

AP

 

La verdad es que me escuece tener que escribir del Día de la Atención Primaria porque solo tienen su día los necesitados. No existe el día de los futbolistas de élite, ni el de los dueños de grandes empresas ni el de los que heredan fortunas. Pero… hoy es el Día de la Atención Primaria y las sociedades científicas, los sindicatos y la Organización Médica Colegial rinden  tributo a un nivel asistencial que se ajusta bien al dicho de mi abuela: “Mucho te quiero perrito, pero pan poquito”.

Todas estas organizaciones han elaborado un catálogo sensato de reivindicaciones reunidas en un Decalogo. Contiene cosas tan razonables como: el acceso a pruebas complementarias que mejoren la resolución de problemas sin necesidad de derivaciones, la enseñanza universitaria de Medicina de Familia, el rechazo de la burocracia, la mejora de las agendas… Suena a viejo, pero es actual.

 

 

José Luis Quintana, médico de familia


De nuevo en la casilla de salida

febrero 10, 2014

Si repetimos las mismas cosas, los resultados no serán diferentes (Paulo Coelho)

Se ha cerrado una etapa, esperemos que para siempre. Ahora, después de las felicitaciones toca ponerse a trabajar para intentar que nada más se rompa, además de reponer lo roto. No es posible seguir  en la misma cuesta abajo que nos trajo hasta aquí. El uso electoral de la sanidad ha sido desastroso, en la misma proporción en la que progresaba el uso partidista retrocedían los aspectos técnicos y la asesoría profesional. En mi opinión, las transferencias sanitarias han acelerado el proceso. En Madrid hemos ido de mal en peor. Las decisiones, salvo honrosas excepciones, se toman por personas que desconocen el terreno que pisan y que están asesorados no por técnicos independientes si no por personas que perderán su puesto si discrepan. Conforme ganó terreno la política, los médicos reculamos. Debemos lamentar nuestra dejación de responsabilidades. Tuve la fortuna de participar en una tertulia sobre temas de actualidad sanitaria y esta fue una conclusión prácticamente unánime.

En esa misma tertulia tuve conocimiento de la existencia de unas normas de buen gobierno de Osakidetza. Me falta información para saber si esto no es más que un brindis al sol, pero como planteamiento me parece impecable: transparencia y rendición de cuentas, actas públicas y consultables por los ciudadanos (verdaderos dueños y destinatarios del sistema sanitario)

En Madrid, desde hace tres años, disfrutamos del área única y un único gerente de atención primaria. Fue diseñada por los incomparables Güemes (consejero) Sánchez (viceconsejera) y Flores (directora general de atención primaria en esa época). Como escribí entonces, el consejo de gestión, en teoría máximo órgano de participación profesional lo componen más de 250 personas y es sencillamente imposible participar en nada. Si acaso se va a recibir información o doctrina, no existe el debate ni el intercambio de pareceres. De hecho, hace bastante más de un año que no se reúne porque todo el mundo sabe que es un despropósito. Ni tan siquiera las direcciones asistenciales sirven para debatir, siguen siendo reuniones multitudinarias.
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Asamblea del Soviet de Petrogrado en 1917, tomado de la Wikipedia

En mi opinión, es imprescindible y urgente crear una estructura de pequeño tamaño (los centros de salud que comparten hospital, por ejemplo) donde sea posible la exposición de problemas comunes, el debate y las conclusiones. Donde haya actas públicas de lo acordado para poder rendir cuentas de lo hecho. Esa “comisión” debería poder tener voz dentro del hospital y viceversa. La lista de espera de traumatología a los que más importa es a los pacientes y después, seguramente, a los médicos de atención primaria de su ámbito de influencia. No es posible continuar en dos mundos aparte… es cierto que los directores de continuidad asistencial algo han aportado en este asunto pero yo hablo de un órgano de participación con capacidad de tener peso e influencia. Por descontado que se puede desautorizar a este órgano. pero… por escrito, con argumentos que sean públicos. Porque es tiempo de ser rigurosos en las decisiones, con transparencia y rindiéndo cuentas.

Supongo que un proceso análogo deben vivir los hospitales: Los ciudadanos tiene derecho a saber por qué se compra o se deja de comprar un nuevo equipo de resonancia magnética… y así, con todo.

Ni soy ni quiero ser un experto en gestión sanitaria, pero así no debemos seguir.

Si esto no pasa nos volveremos a ver en conflictos como el vivido en Madrid y volviéndo a la casilla de salida.

José Luis Quintana, médico de familia


¿Por qué se les llama titulares?

octubre 6, 2013

anomalía

El origen de la profesión de médico seguramente se remonta a los orígenes de la humanidad y va tomando forma a lo largo del tiempo hasta ser como la conocemos. En España, la primera alusión clara al médico de recoge en el siglo XIII en el Fuero Real promulgado por Alfonso X el Sabio. En su libro IV se dice que para poder trabajar en una zona, el físico debía tener el visto buenos de sus compañeros ya establecidos y recibir un título del alcalde correspondiente. Este es el origen del concepto “titular”.

Fuero Real

Desde el siglo XVIII hay constancia de médicos titulares que trabajan como funcionarios para el estado. En 1894, en Filpinas, entonces española, se definen sus funciones y se especifica claramente su condición de funcionarios públicos.

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Este es un recorte del estupendo documento que podéis leer aquí.

Posteriormente vinieron el Instituto Nacional de Previsión, el Seguro Obligatorio de Enfermedad, el INSALUD y el actual Sistema Nacional de Salud y sus transferencias. Una muy larga historia.

Los sistemas sanitarios son el resultado de la historia de un territorio, de su discurrir político, de los deseos sociales y de múltiples acuerdos y consensos. Por eso, en la práctica, no hay dos iguales, aunque el británico National Health Service sea en el que más nos hemos mirado.

Cuando alguien quiere cambiar el interior del sistema sanitario debe saber esto. Nuestros responsables políticos tienen la obligación de cuidar y reformar el sistema para adaptarlo a los tiempos. Es razonable que quieran. Es cierto que, que los médicos sean funcionarios, es la excepción en Europa (el termino anomalía tiene una matiz peyorativo al significar malformación o alteración biológica). Ojala fuera nuestra única excepcionalidad respecto de Europa. Miremos si no la lógica de asunción de responsabilidades políticas y lo que se hace en los países de nuestro entorno… y no he visto practicarlo con la misma energía.  Hay que exponer, razonar, dar los datos (porque si no hay datos, lo de “privatizar ahorra” es simplemente un prejuicio), escuchar a quienes llevan mucho tiempo es esto, convencer, liderar y pactar. No vale venir de salvapatrias… no cuela.

Lo que ya no parece razonable, es ignorar que con las primeras tres líneas del catecismo privatizador y una sevillana (que va del socialismo a los sindicatos y vuelve) uno no convence a nadie de nada. El sistema precisa y seguirá precisando de ajustes, seguro, pero así, no.

José Luis Quintana médico de familia.


Según sus datos

julio 15, 2013

Se ha publicado hace una semanas un informe de los resultados de a cartera de servicios estandarizados de la atención primaria del Madrid del año 2012. Habría muchas cosas que decir sobre los datos y su medida, pero no nos vamos a perder por las ramas: es lo que hay. Para el interesado, el informe entero está aquí.

Me voy a detener en un detalle que me interesa: de los 10 mejores centros en resultados de la comunidad de Madrid, 5 pertenecen a la extinta Área 10 de Madrid. Madrid es ahora una única área para mayor gloria de la libre elección de médico y para las oportunidades de negocio, pero los buenos resultados en atención primaria se concentran en un pequeño fragmento de la comunidad que configuró el Área 10.

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Los centros de salud El Greco, San Blas, Griñón, Las Ciudades e Isabel II son esos 5 centros. Uno puede pensar que esto es una casualidad, pero estos datos se repiten de forma contumaz desde hace tiempo No es una pirueta del destino que ha juntado a los buenos en poco espacio (él Área 10 era de largo la más pequeña de Madrid). Es el resultado, en mi opinión, de personas que consiguieron convencer, hace bastantes años, a los trabajadores de la importancia de su trabajo y de la importancia de hacerlo bien. La consecuencia de unos gestores que respetaron las ideas de los profesionales, las discutieron con ellos hasta alcanzar acuerdos y les permitieron margen para ponerlos en marcha. De directivos cuyo objetivo no era salirse con la suya si no alcanzar buenos resultados escuchando las dificultades para conseguirlo y pactando las soluciones para superarlas… en fin, el resultado de gestores razonables y trabajadores comprometidos. No quiero que parezca que todo es un camino de rosas en un escenario naif. Ha habido de todo entre los responsables y entre los trabajadores, pero ha resultado una línea que, sin ser óptima, es la mejor de toda la comunidad de Madrid.

En estos tiempos de soberbia y mayoría absoluta, es de recordar que otros caminos son posibles sin recurrir al ánimo de lucro y la codicia.

José Luis Quintana, médico de familia

P.D.: Felicidades a los compañeros del Centro de Salud José María Llanos que son los campeones 😉 y mi profundo respeto para el montón de buenos profesionales que hay trabajando abnegadamente en muchos centros de salud. Espero que se me entienda bien.


Fuego valyrio

abril 25, 2013

El fuego valyrio es una sustancia ficticia que aparece en la saga Canción de Hielo y Fuego y en su correspondiente serie televisiva Juego de Tronos. Según el libro y la serie, el fuego valyrio tiene unas características muy especiales: es un líquido pastoso verde y altamente inflamable. Un simple golpe es capaz de encenderlo y una vez que esto ha sucedido no hay forma de apagarlo, ni el agua lo consigue, solo se puede esperar a que se consuma. Es más, se infiltra en la ropa en la madera e incluso en el acero y los hace arder. En grandes cantidades, es explosivo. En el libro, el fuego valyrio destruye una flota que asediaba una ciudad casi indefensa.

Fuego valyrio

Esta semana se ha constituido la Mesa de Atención Primaria del Ilustre Colegio de Médicos de la Comunidad de Madrid (ICOMEM). Estuvimos los miembros votados por nuestros compañeros, parte de la junta directiva del ICOMEM y el Director General de Atención Primaria.

Al termino de la reunión, medio en broma, hablamos de  que el fuego valyrio infiltra la sanidad de Madrid y, desde luego, la atención primaria. La frustración y la rabia se han instalado en las reuniones y comisiones. El fuego se ha encendido y no hay forma de extinguirlo, lo ha invadido todo.

Dos ideas se abren paso en sanidad:

  • Los responsables de la sanidad podían tomar decisiones erróneas pero trabajaban por el bien de la sanidad pública. La sospecha, cuando no la certeza, de intereses “poco nobles” ha calado hasta los huesos de nuestra empresa.
  • La opinión de los demás, aún siendo casi unánime, no es tenida en cuenta por los gestores. La opinión de un colectivo de un alto nivel formativo y con una gran experiencia no es oída cuando no despreciada. Sabemos que no importamos.

A esto añadamos que en primaria  llueve sobre mojado: en la anterior legislatura todas las organizaciones se opusieron a la creación del “área única sanitaria“. Nada alteró los planes de la consejería. No era una “ocurrencia”, era abrir la puerta a lo que esta sucediendo. La resultante es que la atención primaria lleva con una estructura interina desde hace 3 años que hace aguas por todas partes como ya hemos dijimos aquí.

El daño que tiene la organización es enorme, tardará mucho tiempo y esfuerzo el recuperarlo. Mucho me temo que es imposible que los pirómanos actúen de bomberos.

José Luis Quintana., médico de familia


El fin de la infancia de la Atención Primaria en Madrid

marzo 9, 2013

Cuando uno descubre la relación entre Sus Majestades los Reyes Magos y los padres (disculpen que respete el “horario infantil”) algo se rompe definitivamente en uno que ya no se recompone jamás. Queda marcado el fin de la infancia. A partir de ese momento uno no cree en los cuentos y comienza un proceso de maduración que nos hace colocarnos en “el mundo real”.

Vivimos un conflicto sin precedentes en la sanidad de Madrid que ya dura 4 meses: todos los colectivos implicados han mostrado su rechazo (plataformas creadas para canalizar la protesta, firmas de rechazo de en torno al 80% de los trabajadores, sociedades científicas, sindicatos, universidades, colegio de médicos, más de un millón de firmas de ciudadanos, manifestaciones multitudinarias, apoyo de sociedades de ámbito nacional, colegios de médicos de otros partes del Estado…). Todo esto ha servido para cargarnos de razones y para desenmascarar una propuesta que, querían hacernos creer, se hacía por ahorrar. Por lo demás, ahora nos conducen a toda velocidad al precipicio.

Precipicio

En estos cuatro largos y durísimos meses -los peores que recuerdo en mis muchos años en la asistencia- no hemos oído ninguna opinión de los responsables de la atención primaria de Madrid… ni a favor, ni en contra. Dejados literalmente a la deriva, en medio de los rumores, sin explicaciones de por qué un número de centros y no otro, de por qué este modelo y no otro, de cual es el ahorro, de quién es el experto que lo ha diseñado, de quién respalda intelectualmente el cambio… nada, exactamente nada. Prefiero no contarlos, pero no faltará mucho para un centenar de cargos directivos. Ni una sola explicación.

Espero sinceramente que nos hayamos percatado de que en Madrid nadie recibe las cartas dirigidas a los reyes magos de la atención primaria. Tenemos que madurar nuestro pensamiento y hacernos mayores lo antes posible. Porque me temo que lo siguiente que va a pasar es que, ante nuestro descreimiento en los reyes, alguien va a venir a decirnos: sé que no lo entiendes, es porque eres pequeño, pero todo esto es por tu bien. Tiempo al tiempo.

José Luis Quintana, médico de familia.


Al final, manda el bolígrafo

noviembre 30, 2012

News-CampCo-TacPen-1Hace unos días, por la tarde, Julia Otero ha entrevistado al señor Ignacio González, Presidente de la Comunidad de Madrid, en su programa de Onda Cero, Julia en la Onda. Esa mañana, Carlos Herrera (Herrera en la Onda) había hecho lo propio con el señor Fernández-Lasquetty, Consejero de Sanidad de la CAM. Sería de agradecer que la cadena esté tan dispuesta a informar sobre el conflicto que vive la sanidad madrileña, si no fuera por los atisbos de parcialidad que se desprenden de ambas entrevistas.

El señor González ha dicho dos verdades: una, que no va a privatizar la sanidad pública; y dos, que los ciudadanos no tendrán que sacar la cartera para pagar la atención que reciban.

Porque lo que pretende el señor González es “externalizar” la prestación de la atención sanitaria, que no es lo mismo. Y en una atención sanitaria pública-externalizada, el usuario final no es el que paga.

Ya nos han explicado y convencido de que es necesario reducir los gastos, y los han reducido todo lo que han podido en el capítulo más fácil de controlar, el coste del personal: han bajado el sueldo más de un 5%, han quitado una paga extra, han cancelado el abono de los doblajes y repartos, han suspendido la aplicación de la carrera profesional, han prolongado la jornada laboral, han quitado días de libranza por antigüedad y moscosos, han reducido la contratación de suplentes, han reducido las prestaciones en caso de incapacidad laboral, han…

Y, aunque menos aireado, seguro que también han reducido todo lo que hayan podido en infraestructuras y gastos corrientes, en mantenimiento de locales, calefacción…

Pero ¡ay señor!, quién pudiera controlar, meterle mano, ponerle freno a ese otro sumidero por el que se va una parte tan sustanciosa del presupuesto sanitario: el bolígrafo. Sí, sí, el simple y sencillo bolígrafo en manos del médico que, con sus decisiones clínicas, decide cuál va a ser el coste de cada proceso que atiende. Si es necesario hacerle una TAC a ese paciente que ha sufrido un traumatismo craneoencefálico o bien se puede esperar a ver qué pasa. Si es necesario tratar a ese niño hiperactivo con un medicamento de liberación prolongada o bien podría ir tirando con la versión normal, que va peor pero cuesta la décima parte. Si se mantiene ingresado a ese anciano con pluripatología que está requiriendo tantos y tan caros cuidados, o bien lo derivamos a “un hospital especializado en ancianos” aunque pille tan lejos de su casa. Si es tan necesario que en los Centros de Salud haya pediatras para atender a los niños. Si…

A los gestores de la sanidad siempre les ha resultado imposible atacar por ahí. Porque el médico de la sanidad pública, con su condición laboral de funcionario, puede tranquilamente enarbolar la bandera de la ética, puede decidir libremente, “según su leal saber y entender”, buscando siempre el mayor beneficio clínico para el paciente, al menos lo que a él le parezca lo más conveniente: le van a pagar lo mismo, ni más ni menos, a final de mes.

Es verdad, si llegara a producirse la “externalización”, los ciudadanos no tendrán que sacar la cartera. Porque, recordemos, hay tres clases de relación médico-paciente:

1) La medicina privada, en la que el paciente paga directamente cada uno de los costes, y muchas veces se encontrará más satisfecho cuantas más cosas -y más caras- le hagan, es la medicina de la complacencia (el médico se esfuerza en complacer al paciente), del “cuanto más, mejor” (el médico, cuanto más hace, más gana).

2) La medicina pública-externalizada en la que el paciente no paga, pero su atención siempre es un saldo negativo para el prestador del servicio, el médico se esfuerza en complacer a su empleador, es la medicina del “cuanto menos, mejor” (cuanto menos hago, menos pierdo), y

3) La medicina pública de prestación pública, en la cual el médico se esfuerza en complacerse a si mismo al procurar el mayor beneficio clínico para el paciente (no quiere decir que siempre lo consiga), es la medicina del “cuanto mejor, mejor“, que deja en segundo plano -sin despreciarlos, solo en segundo plano- tanto los costes económicos como la simple “complacencia” del paciente.

Así que si llegamos a tener la desgracia de que la sanidad pública sea gestionada con criterios mercantiles, con la vista puesta en el beneficio económico más que en el beneficio del paciente, los usuarios recibirán un servicio mucho peor, porque el bolígrafo del médico estará lastrado por las consecuencias económicas y laborales que sus decisiones puedan tener sobre si mismo, sobre sus ingresos y hasta sobre su estabilidad laboral, y así, seguramente, muchos médicos tendrán que arrinconar la bandera de la ética. Y, en realidad, es muy posible que algún paciente acabe decidiendo pagarse por si mismo el TAC que no le han pedido o el medicamento de liberación prolongada que no le han prescrito. Es la única forma de que la sanidad pública sea rentable, así sí se podrá prestar incluso con la reducción presupuestaria del 15% prevista para 2013. Y aún sobrará para beneficios.

También se ha dicho que la huelga del personal sanitario es injustificada y sólo se debe a motivos laborales. Aquí el señor Lasquetty, que es quien lo ha dicho, no ha dicho la verdad. Más arriba se han descrito hasta ocho afrentas económico-laborales que el personal sanitario de la Comunidad de Madrid ha sufrido en los últimos tiempos, y por ninguna de ellas han protestado. Si por algo se caracteriza este gremio es por su individualismo y su incapacidad para unirse en reivindicación de derechos laborales. El personal sanitario de la CAM, y en particular los médicos convocados por la AFEM, está en huelga indefinida, ejerciendo una fuerza tan inusitada, alcanzando una unión y una firmeza tan sorprendentes, porque su huelga es una huelga ética, porque lo que reclaman es la independencia clínica, lo que reclaman es la propiedad del bolígrafo. Creo que debemos apoyarles, y recordar al señor Lasquetty que si está en el puesto que está, es para gestionar la sanidad, no para quitársela de
encima. Y si no sabe, que deje a otro.

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Pedro Iglesias Casas, pediatra de atención primaria.