Al final, manda el bolígrafo

noviembre 30, 2012

News-CampCo-TacPen-1Hace unos días, por la tarde, Julia Otero ha entrevistado al señor Ignacio González, Presidente de la Comunidad de Madrid, en su programa de Onda Cero, Julia en la Onda. Esa mañana, Carlos Herrera (Herrera en la Onda) había hecho lo propio con el señor Fernández-Lasquetty, Consejero de Sanidad de la CAM. Sería de agradecer que la cadena esté tan dispuesta a informar sobre el conflicto que vive la sanidad madrileña, si no fuera por los atisbos de parcialidad que se desprenden de ambas entrevistas.

El señor González ha dicho dos verdades: una, que no va a privatizar la sanidad pública; y dos, que los ciudadanos no tendrán que sacar la cartera para pagar la atención que reciban.

Porque lo que pretende el señor González es “externalizar” la prestación de la atención sanitaria, que no es lo mismo. Y en una atención sanitaria pública-externalizada, el usuario final no es el que paga.

Ya nos han explicado y convencido de que es necesario reducir los gastos, y los han reducido todo lo que han podido en el capítulo más fácil de controlar, el coste del personal: han bajado el sueldo más de un 5%, han quitado una paga extra, han cancelado el abono de los doblajes y repartos, han suspendido la aplicación de la carrera profesional, han prolongado la jornada laboral, han quitado días de libranza por antigüedad y moscosos, han reducido la contratación de suplentes, han reducido las prestaciones en caso de incapacidad laboral, han…

Y, aunque menos aireado, seguro que también han reducido todo lo que hayan podido en infraestructuras y gastos corrientes, en mantenimiento de locales, calefacción…

Pero ¡ay señor!, quién pudiera controlar, meterle mano, ponerle freno a ese otro sumidero por el que se va una parte tan sustanciosa del presupuesto sanitario: el bolígrafo. Sí, sí, el simple y sencillo bolígrafo en manos del médico que, con sus decisiones clínicas, decide cuál va a ser el coste de cada proceso que atiende. Si es necesario hacerle una TAC a ese paciente que ha sufrido un traumatismo craneoencefálico o bien se puede esperar a ver qué pasa. Si es necesario tratar a ese niño hiperactivo con un medicamento de liberación prolongada o bien podría ir tirando con la versión normal, que va peor pero cuesta la décima parte. Si se mantiene ingresado a ese anciano con pluripatología que está requiriendo tantos y tan caros cuidados, o bien lo derivamos a “un hospital especializado en ancianos” aunque pille tan lejos de su casa. Si es tan necesario que en los Centros de Salud haya pediatras para atender a los niños. Si…

A los gestores de la sanidad siempre les ha resultado imposible atacar por ahí. Porque el médico de la sanidad pública, con su condición laboral de funcionario, puede tranquilamente enarbolar la bandera de la ética, puede decidir libremente, “según su leal saber y entender”, buscando siempre el mayor beneficio clínico para el paciente, al menos lo que a él le parezca lo más conveniente: le van a pagar lo mismo, ni más ni menos, a final de mes.

Es verdad, si llegara a producirse la “externalización”, los ciudadanos no tendrán que sacar la cartera. Porque, recordemos, hay tres clases de relación médico-paciente:

1) La medicina privada, en la que el paciente paga directamente cada uno de los costes, y muchas veces se encontrará más satisfecho cuantas más cosas -y más caras- le hagan, es la medicina de la complacencia (el médico se esfuerza en complacer al paciente), del “cuanto más, mejor” (el médico, cuanto más hace, más gana).

2) La medicina pública-externalizada en la que el paciente no paga, pero su atención siempre es un saldo negativo para el prestador del servicio, el médico se esfuerza en complacer a su empleador, es la medicina del “cuanto menos, mejor” (cuanto menos hago, menos pierdo), y

3) La medicina pública de prestación pública, en la cual el médico se esfuerza en complacerse a si mismo al procurar el mayor beneficio clínico para el paciente (no quiere decir que siempre lo consiga), es la medicina del “cuanto mejor, mejor“, que deja en segundo plano -sin despreciarlos, solo en segundo plano- tanto los costes económicos como la simple “complacencia” del paciente.

Así que si llegamos a tener la desgracia de que la sanidad pública sea gestionada con criterios mercantiles, con la vista puesta en el beneficio económico más que en el beneficio del paciente, los usuarios recibirán un servicio mucho peor, porque el bolígrafo del médico estará lastrado por las consecuencias económicas y laborales que sus decisiones puedan tener sobre si mismo, sobre sus ingresos y hasta sobre su estabilidad laboral, y así, seguramente, muchos médicos tendrán que arrinconar la bandera de la ética. Y, en realidad, es muy posible que algún paciente acabe decidiendo pagarse por si mismo el TAC que no le han pedido o el medicamento de liberación prolongada que no le han prescrito. Es la única forma de que la sanidad pública sea rentable, así sí se podrá prestar incluso con la reducción presupuestaria del 15% prevista para 2013. Y aún sobrará para beneficios.

También se ha dicho que la huelga del personal sanitario es injustificada y sólo se debe a motivos laborales. Aquí el señor Lasquetty, que es quien lo ha dicho, no ha dicho la verdad. Más arriba se han descrito hasta ocho afrentas económico-laborales que el personal sanitario de la Comunidad de Madrid ha sufrido en los últimos tiempos, y por ninguna de ellas han protestado. Si por algo se caracteriza este gremio es por su individualismo y su incapacidad para unirse en reivindicación de derechos laborales. El personal sanitario de la CAM, y en particular los médicos convocados por la AFEM, está en huelga indefinida, ejerciendo una fuerza tan inusitada, alcanzando una unión y una firmeza tan sorprendentes, porque su huelga es una huelga ética, porque lo que reclaman es la independencia clínica, lo que reclaman es la propiedad del bolígrafo. Creo que debemos apoyarles, y recordar al señor Lasquetty que si está en el puesto que está, es para gestionar la sanidad, no para quitársela de
encima. Y si no sabe, que deje a otro.

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Pedro Iglesias Casas, pediatra de atención primaria.


La privatización bien entendida debería empezar por uno mismo

noviembre 20, 2012

Cuando uno busca externalizar en el diccionario de la lengua española de la Real Academia Española (RAE), la respuesta es:  La palabra externalizar no está registrada en el Diccionario. O sea, no se puede saber bien lo que es. Sin embargo, si uno busca privatizar, la RAE le diceTransferir una empresa o actividad pública al sector privado. Centrémonos pues y hablemos claro, hablamos de privatizar una buena parte de la sanidad de Madrid. 

¿Se puede privatizar un buena parte de la sanidad de Madrid?. Desde luego que sí, es perfectamente lícito desearlo. Luego, uno debe poder explicarlo. Yo no quiero que se privatice la sanidad de Madrid y voy a intentar explicarlo.

  • El primer argumento, el ahorro de costes es, en el mejor de los casos, una inexactitud y en el peor, una falsedad.
  • Luego, uno puede creer, por ideología, que la gestión de la empresa privada es mejor que la de la pública. Yo no. Creo que hay cosas que se deben dejar en manos privadas y otras no. La sanidad es de esas que no. No, por el mismo motivo por el que a nadie (de momento) se le ha ocurrido privatizar la justicia. Porque es posible (no obligatorio, pero posible) que colisionen los intereses de la empresa y de la justicia. Un juez que cobrara de una empresa, no podría juzgar a su propia empresa ni a la de la competencia. No me parece que en algunos campos, se deban mezclar los beneficios de empresas con otros intereses mucho más intangibles.

Lo que no acabo de comprender es, que creyendo en la superioridad de la gestión privada, no se privatice la cúpula directiva de la sanidad de Madrid. Que le den la gestión de la Consejería de Sanidad a Mercadona, por ejemplo. Total, si lo importante es que al enseñar la tarjeta te atiendan… que es lo único importante para un ciudadano (qué enjundia tiene este análisis 😦  ) da igual que la consejería la gestione Mercadona que el Race.

¡Qué tiempos estos!

José Luis Quintana, médico de familia.


Los datos y mi interpretación

noviembre 17, 2012

Datos:

– En octubre de 2003 Esperanza Aguirre asume la presidencia de la Comunidad de Madrid.

– En su primera legislatura comienza, con Manuel Lamela como Consejero de Sanidad una frenética carrera por construir hospitales. Se construyen 8 en esta legislatura que se completarán con otros 4 en la siguiente. Muchos más de los prometidos en su programa electoral. Aún tiene que abrirse otro hospital más.

– Los nuevos hospitales, de tamaño mediano, son, o bien pertenecientes a empresas privadas,  o de nuevas formas de gestión (gestión privada de titularidad pública). La excepción es Puerta de Hierro, gran hospital que, simplemente, sustituye al viejo edificio de la Clínica Puerta de Hierro.

– En la segunda legislatura, el consejero Güemes, lanza la idea de “una nueva estructura” y con ella la libre elección de médico y el área única. La idea recibe una importante contestación por parte de los profesionales de atención primaria, pero sale adelante. A la par, comienzan los contactos con la iniciativa privada. La sanidad madrileña como oportunidad de negocio.

– En esta tercera legislatura, en el contexto de una gran crisis económica, se plantea el llamado plan de garantía de la sostenibildad del sistema sanitario público de la Comunidad de Madrid, se pretende privatizar 6 hospitales… los de nueva gestión, y reconvertir otros tres. Eso supone que el Hospital de la Princesa pasa a ser de alta especialización en patología de personas mayores y el Hospital Carlos III se convierte en hospital de estancia media. Además se externalizan todos los servicios no sanitarios. En atención primaria se plantea la concesión de la prestación de la asistencia sanitaria de Atención Primaria  de un 10% de los Centros de Salud, dando prioridad en su gestión a la participación de los profesionales sanitarios que quieran constituir sociedades.

Mi interpretación (buena parte de ella oída a otros compañeros):

Habrá quien crea que no existe conexión entre todos estos acontecimientos, que son producto del devenir de los tiempos, de la crisis y de otras tantas cosas. Respetable.

En mi opinión, asistimos a la colocación de la última pieza de un puzzle iniciado hace mucho tiempo. El área única y la libre elección de médico consigue que la población diana de los nuevos hospitales pase de unos cientos de miles de personas en el mejor de los casos a los 6 millones de madrileños… de momento. El tamaño y organización de los nuevos hospitales (menos Puerta de Hierro) los vuelve especialmente útiles para patología sanitaria poco compleja y rentable. ¿Qué se hace con la patología más compleja? se los lleva a un centro especializado en ellos, en ancianos o pacientes de difícil resolución (La Princesa y Carlos III). Esos hospitales se convierten así en el desagüe de los nuevos hospitales. Los hospitales públicos seguirán haciéndose cargo de lo complejo y costoso… por el momento. Así luego, se presentan las cuentas del Gran Capitán y se dice que las camas privadas son más baratas que las públicas. Es muy difícil saber que ofrece mejores resultados si la gestión pública o la privada. Los datos disponibles (la pregunta es compleja) afirman la superioridad de los resultados en salud de la publica sin costos distintos.

¿Y la primaria qué? pues la primaria lo mismo. Veremos si acaba por imponerse un modelo como el catalán pero express (llevan 17 años para 16 centros de salud gestionados  y aquí pretendemos más de 25 de golpe) o tipo Alzira. Se sabe que no se controla el hospital, sin controlar la puerta de entrada, la primaria. No se puede sostener que el modelo actual de atención primaria de Madrid está agotado. El nuevo modelo aún no está implantado, no tiene ni dos años de vigencia. Si así fuese, exigiría la reprobación de sus promotores y gestores. Simplemente, hace falta otra cosa para que todo cuadre.

En mi opinión, la crisis sólo ha acelerado el proceso, nada más. Esto estaba planeado hace mucho. No es en sentido estricto un problema de dinero, lo es de ideología, de una forma de entender la asistencia sanitaria.

Esta no es la única solución, ni es inevitable. Hay alternativas, seguro.

José Luis Quintana, médico de familia.


A por uvas

noviembre 9, 2012

El Colegio de Médicos de Madrid, preocupado por las medidas propuestas por el gobierno de la Comunidad de Madrid ha sacado una nota.

La nota es así de tajante en lo que se refiere a hospitales…

El Icomem, una corporación de derecho público centenaria que representa a cerca de 40.000 colegiados, se opone rotundamente a la transformación de los hospitales de La Princesa y el Carlos III porque va a suponer una reducción de la calidad asistencial a la población asistida, no se ha contado con los profesionales de los centros para esa transformación y no se ha previsto qué va a ocurrir con las unidades de referencia de dichos hospitales.

También es contrario a la externalización de la gestión del personal sanitario de los hospitales públicos, en tanto que, tal como se ha planteado, puede acarrear un deterioro en la calidad asistencial al producir una reducción de plantillas y una reordenación de los recursos humanos que va a suponer un despido encubierto de un gran número de médicos interinos y eventuales, así como una importante pérdida de potencial docente y de formación continuada.

Y así de poco clara para los centros de salud

En cuanto a las medidas que afectan directamente a la Atención Primaria, con respecto a la concesión de la prestación de la asistencia sanitaria de un 10 por ciento de los centros de salud dando prioridad a los profesionales sanitarios que quieran constituir sociedades, el Colegio de Médicos de Madrid apoya la autogestión de centros de salud, ahora bien desde el actual modelo de Área única, desarrollándolo y contando con los profesionales. Cualquier otro modelo de autogestión precisa de un desarrollo normativo previo y de tiempo suficiente para ser implantado.

Agradeceríamos el mismo tono, contundencia y claridad para oponerse a ambas cosas. La autogestión es una cosa, las entidades de base asociativa (EBA), otra.

José Luis Quintana, médico de familia.


6 minutos

octubre 30, 2012

La información completa la tenéis aquí: http://www.seisminutos.com/

Nada que añadir, una estupenda mirada sobre el valor de la medicina de familia. Enhorabuena.

José Luis Quintana, médico de familia.


Kriptonita escondida en los centros de salud

octubre 8, 2012

Este mes tengo en la consulta un residente internista de 4º año. Lo propuso el servicio de medicina interna y aceptamos. La idea teórica produce un poco de agobio… los internistas, que tanto estudian, en el centro. La verdad creo que es una idea muy buena. Todos los médicos de familia, pasan por el hospital y se familiarizan con la dinámica del mismo, pero no ocurre al revés. Del desconocimiento vienen la desconfianza y los prejuicios. Cosas como esta, ayudan a entendernos mejor.

Tengo la costumbre, desde que tengo residentes (que hace muchos años) de, una vez terminada la consulta, comentar con la lista de citados en la mano, los pacientes atendidos en el día: motivo de consulta, orientación del problema, camino a seguir en caso de no seguir la evolución esperada…

Hoy mientras lo comentábamos le decía la residente de medicina interna que es muy chocante que él, en el hospital, puede pedir un TAC abdominal cuando lo crea necesario pero una vez en primaria de ninguna manera. En sentido inverso, el residente de familia cuando hace guardias o cuando rota por el hospital también lo puede pedir. No queda más remedio que concluir, que no es la titulación ni la sabiduría la que impide acceder a determinadas pruebas… es el edificio.

No hay responsable político en sanidad que no suelte eso de “hay que aumentar la capacidad resolutiva de la primaria”. Lo pones en Google y hay que leer lo que encuentra. Tal vez, en el centro de salud, se esconde la kriptonita que debilita los poderes de los médicos.

José Luis Quintana, médico de familia.


Tu lo que quieres es que me coma el Sigre

agosto 22, 2012

Menos mal que, estos tiempos revueltos en la cosa de la financiación (no confundir con prescripción, por favor) han coincidido con el verano. Nuestra zona es de abuelos de pueblo que vuelven a su lugar de origen en verano. Las consultas no están apretadas y tiene uno algo más de tiempo. No obstante, me duele la lengua de explicar algunas cosas:

  • ¿Tengo que pagar los medicamentos ahora?
  • ¿Por qué me da recetas verdes si soy pensionista? o… las mías son verdes y me las está dando rojas…
  • ¿Esto lo van a quitar?… hágame unas cuantas
  • Entre estas, un clásico es,  me sobran estas medicinas… ¿se las queda o las llevo a la farmacia?

Mis pacientes piensan que “la farmacia” da un uso altruista a los medicamentos. Se quedan bastante decepcionados cuando le explico el funcionamiento de Sigre (Sistema Integrado de Gestión y Recogida de Envases). Sigre es una entidad sin ánimo de lucro constituida por Farmaindustria, el Consejo General de Colegios Oficiales de Farmacéuticos y los mayoristas de la distribución de fármacos (FEDIFAR). Su objetivo es retirar de casa medicamentos sobrantes (el peligro de los extensos botiquines domésticos) y proteger el medio ambiente.  Los fármacos, ya decía Celso, no siempre son útiles a los enfermos y generalmente perjudican a los sanos. No es tan infrecuente leer que se encuentran trazas de fármacos en el agua de los ríos. Por lo tanto, es buena idea que reciban un tratamiento específico, para que las truchas no tomen ciprofloxacino o fluoxetina. Los fármacos recogidos en los puntos Sigre de las farmacias se llevan a una planta de clasificación, en Tudela del Duero (Valladolid). Allí se separan los peligrosos, se disponen en contenedores sellados para su destrucción. Posteriormente se aparta cartón, plástico y demás reciclable. El resto pasa a “valorización energética” que, si me entero bien,  quiere decir que lo convierten en combustible derivado de residuos. Tienen una web estupenda que detalla todo esto.

O sea que lo del tercer mundo, lo de las ONG… nada de nada. Cuando llevamos medicamentos al punto Sigre, lo que no es fármaco se recicla, pero el medicamento se destruye,  se quema o se reconvierte a combustible.

Por hacernos una idea de las magnitudes, en la Comunidad Valenciana, en 2011… 430 toneladas de fármacos fueron a los puntos Sigre.

Para terminar un vídeo de la sin par Lola Flores que ya hablaba de lo que debía comer el Sigre (disculpas por la broma mala… ha hecho estos días mucho calor 😉 )

José Luis Quintana, médico de familia


Mejor a oscuras

julio 3, 2012

La crisis empezó siendo económica, pero ya es mucho más. Es una crisis de valores, todo lo que hemos hecho está en revisión. Tenemos que definir, de nuevo, que queremos ser de mayores. De la crisis económica saldremos o nos tendrán que sacar, pero tenemos que saber a dónde queremos ir para encontrar el camino de salida.

No hace ni 5 años, eramos la envidia del universo, nuestro sistema sanitario era perfecto. Ahora nos encontramos podándolo malamente porque no podemos con él. Digo podandolo malamente porque, en vez de elegir las ramas que le dificultan el crecimiento, elegimos las que son fáciles de cortar. No tenemos escalera y le damos hachazos a las partes del sistema que temos a tiro. Eso es lo que se está haciendo.

A mi modo de ver, tenemos un gravísimo problema de información. En este país nadie sabe o, aún peor,  si lo sabe, lo guarda como un secreto, lo que se gasta y cómo,  el Sistema Nacional de Salud. No sabemos lo que se invierte en hospitales y en primaria, por no saber ni se publican los datos referentes a número de profesionales que trabajan en cada nivel… hay que vivir investigándolo para estimarlo. Lo cuenta muy bien Sergio Minué. No tenemos datos de los distintos modelos de gestión para poder compararlos, lo cual no deja de ser muy sospechoso. Porque si los que implantan “nuevos modelos de gestión” (públicos, públicos de gestión privada, privados con fondos públicos…) pudiésen sacar pecho ¿no lo harían?. De ahí en adelante, todo lo demás. Esos datos, deberían ser públicos para que cualquier persona pueda conocerlos y extraer sus propias conclusiones. Admiro el concepto “contribuyente” de los americanos: viene a querer decir “ese dinero es mío y quiero saber en que se gasta”. Sería estupendo saber cuantas prótesis de cadera pone Galicia y si es más o menos que Murcia, cuanto se gasta en ácido zoledrónico en un hospital y otro, la diferencia de gasto en ARA II en distintas centros de atención primaria… todo lo que la ley de protección de datos permita. Soy de los que cree que lo que puede ser explicado por idiotez o incompetencia no precisa teorías más complejas, pero en este caso, parece haber interés en ocultarlo. La información es poder, nadie puede criticar si no tiene información. Los datos quedan encerrados en el entorno del poder. Tengo la capacidad de decidir y la información… lo tengo todo.

Así pasa, los verdaderos técnicos quedan al margen, porque las decisiones se toman entre palmeros. Se decide sin tener criterio y en un entorno donde la presión del poder y la económica es más posible. La desfinanciación de fármacos  de la semana pasada es la más clara demostración. Si solo fuese posible contestar si o no  a la pregunta ¿usted lo hubiera hecho? diría que si, pero si pudiésen explicar por qué estos fármacos y no otros, lo hubieran hecho.

  • La mayor parte de ellos son fármacos de dudosa o nula eficacia. Esto es sabido desde hace mucho, muchísimo tiempo y nadie ha querido echarle mano al problema. No se revisan los medicamentos financiados para comprobar que lo que justificó su financiación permanece. Funciona un Santa Rita, Rita, lo que se da no se quita a todas luces incomprensible
  • Pero, en medio de ellos, esta la lactulosa, fármaco indiscutiblemente util.
  • No es por la afecciones leves. El estreñimiento molesta más que la caspa, sin embargo tratamientos para la caspa siguen incluidos.
  • Se desfinancia la diacereína pero se dejan el condrotínsulfato y la glucosamina. Prefiero no imaginarme el por qué.
  • Una vez tomada la decisión de desfinanciar las lágrimas artificiales, se recula y se dice, si es un síndrome de Sjogren se pagan… atención a la epidemia de Sjogren ¿quién pensó esto?

En fin, no hay información o se oculta y se toman decisiones sin criterios técnicos. Urge la creación de un organismo que se encargue de asesorar a los responsables y cuyos informes sean publicos para que los médicos y el resto de  ciudadanos sepamos cómo y por qué se hacen las cosas. Hay gente valiosísima para hacerlo. Ahora, a esto, creo que se le llama transparencia.

No sucederá.

José Luis Quintana, médico de familia


Día de rumores

mayo 14, 2012

Hoy comentábamos rumores en el centro:

Hablábamos de lo poco claro que deja el Real Decreto-ley 16/2012, de 20 de abril, de medidas urgentes para garantizar la sostenibilidad del Sistema Nacional de Salud y mejorar la calidad y seguridad de sus prestaciones algunas cuestiones. Había quien defendía, que la confusión, seguramente, era consecuencia de que el original del decreto debía estar en alemán y que se tradujo al castellano, por las prisas, con el traductor de Google. No cabe otra explicación, nadie va a dudar, a estas alturas, de que tengamos claro qué queremos hacer.

Otra cosa que comentábamos, era que el nuevo copago obligaba a que las recetas fueran todas “informáticas”. El ordenador sería el que reflejaría lo que pagaba el usuario, tras cruzar datos del Ministerio de Hacienda y la basa de datos Cibeles de Tarjeta Sanitaria. Tendremos que cruzar los datos y los dedos. En esto se plantean al menos dos problemas:

  • Las recetas de la atención domiciliaria… la verdad son poquitas pero debe quedar resuelto.
  • Las recetas de las consultas, las altas de la planta de los hospitales… aquello que tanto costó conseguir en Madrid. Madrid (es la que conozco bien, habrá más seguro) vive en el “Paleolítico informático” en los hospitales, las recetas se hacen sobre todo “a mano”. Estas no son pocas, son muchas y es imprescindible que esté resuelto cuando esto se ponga en marcha, para no fastidiar a pacientes y a los médicos de primaria. No vamos a volver a cargar con la totalidad de la burocracia del sistema. Es indigno e ilegal.

Atenta la compañía.

José Luis Quintana, médico de familia.


Un sistema sanitario diseñado para Mr. Potato

abril 24, 2012

Vaya por delante, tengo un servicio de oftalmología de referencia que me parece bueno, lleno de gente colaboradora y dispuesta al trabajo. Tambien he de decir que es la versión de los pacientes, por lo tanto sujeta a errores de interpretación.

Hoy, ha venido a la consulta la mujer de un paciente diabético con una retinopatía importante. El paciente, como es común, tiene afectados los dos ojos, más el derecho que el izquierdo.

En el hospital le atienden de su retinopatía desde hace tiempo, pero como el ojo izquierdo lo tiene mejor, le ponen tratamiento y le dicen “esto, pida cita en el ambulatorio para revisión”. Yo, le veo en esta consulta en “x” meses. Esto hace que uno de sus ojos se revise en el hospital y otro en el ambulatorio.

El remate, que me ha hecho enterarme de la historia, es que el paciente, al ir a pedir cita en el ambulatorio, le dicen  que no tienen hueco. La persona que  da citas le aconseja: va usted al médico de cabecera y le hace un volante urgente para que le veamos el ojo izquierdo aquí. Han valido un par de llamadas para obtener las correspondientes excusas y… espero que la solución al desbarajuste.

Obviamente, esto no sucede a diario, es una expcepción, pero retrata muy bien a un sistema, cuya organización se fundamenta en las necesidades “de la mucha ciencia que aquí tenemos” en vez de estarlo en la de los pacientes. Un sistema que mira permanentemente hacia adentro en vez de hacerlo hacia afuera. Todos lo hacemos, pero esto, en los hospitales, es extremo. La radiografía un día, el electrocardiograma otro, los análisis otro y luego a la consulta… y nos quejamos de que esté todo abarrotado.

Es de entender que la necesidad de aparataje, la complejidad  de la patología o la superespecialización obliguen a determinadas cosas, pero sin olvidar que los dos ojos acostumbran a estar en la misma cara 😉 .

José Luis Quintana, médico de familia.