Tu lo que quieres es que me coma el Sigre

agosto 22, 2012

Menos mal que, estos tiempos revueltos en la cosa de la financiación (no confundir con prescripción, por favor) han coincidido con el verano. Nuestra zona es de abuelos de pueblo que vuelven a su lugar de origen en verano. Las consultas no están apretadas y tiene uno algo más de tiempo. No obstante, me duele la lengua de explicar algunas cosas:

  • ¿Tengo que pagar los medicamentos ahora?
  • ¿Por qué me da recetas verdes si soy pensionista? o… las mías son verdes y me las está dando rojas…
  • ¿Esto lo van a quitar?… hágame unas cuantas
  • Entre estas, un clásico es,  me sobran estas medicinas… ¿se las queda o las llevo a la farmacia?

Mis pacientes piensan que “la farmacia” da un uso altruista a los medicamentos. Se quedan bastante decepcionados cuando le explico el funcionamiento de Sigre (Sistema Integrado de Gestión y Recogida de Envases). Sigre es una entidad sin ánimo de lucro constituida por Farmaindustria, el Consejo General de Colegios Oficiales de Farmacéuticos y los mayoristas de la distribución de fármacos (FEDIFAR). Su objetivo es retirar de casa medicamentos sobrantes (el peligro de los extensos botiquines domésticos) y proteger el medio ambiente.  Los fármacos, ya decía Celso, no siempre son útiles a los enfermos y generalmente perjudican a los sanos. No es tan infrecuente leer que se encuentran trazas de fármacos en el agua de los ríos. Por lo tanto, es buena idea que reciban un tratamiento específico, para que las truchas no tomen ciprofloxacino o fluoxetina. Los fármacos recogidos en los puntos Sigre de las farmacias se llevan a una planta de clasificación, en Tudela del Duero (Valladolid). Allí se separan los peligrosos, se disponen en contenedores sellados para su destrucción. Posteriormente se aparta cartón, plástico y demás reciclable. El resto pasa a “valorización energética” que, si me entero bien,  quiere decir que lo convierten en combustible derivado de residuos. Tienen una web estupenda que detalla todo esto.

O sea que lo del tercer mundo, lo de las ONG… nada de nada. Cuando llevamos medicamentos al punto Sigre, lo que no es fármaco se recicla, pero el medicamento se destruye,  se quema o se reconvierte a combustible.

Por hacernos una idea de las magnitudes, en la Comunidad Valenciana, en 2011… 430 toneladas de fármacos fueron a los puntos Sigre.

Para terminar un vídeo de la sin par Lola Flores que ya hablaba de lo que debía comer el Sigre (disculpas por la broma mala… ha hecho estos días mucho calor 😉 )

José Luis Quintana, médico de familia

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La gliquidona también existe

junio 25, 2012

Esta mañana he atendido otro paciente de los vistos por los nefrólogos. Hipertenso, diabético, cardiópata isquémico, insuficiente cardiaco,  en fibrilación auricular, anticoagulado que ahora además tiene un carcinoma epidermoide de pulmón. Vamos, uno de esos que en primaria tiene sus 5-7 minutitos 😦 Le ha empeorado la función renal y venía “para que me diga como hago esto, porque me parece imposible”. Todo el tratamiento “patas arriba”. Una de las cosas que traía el hombre era linagliptina.

Yo, puedo entender aquello de “al que tiene solo un martillo, todo le parecen clavos” pero ven un paciente y… ARA II y gliptina “al canto”. Quería solo recordar, que la gliquidona, que es una sulfonilurea, aún más antigua que yo, se llama Glurenor© y se elimina casi en su totalidad vía hepática. Es una alternativa, más que razonable, para pacientes diabeticos, que precisen una sulfonilurea y tengan insuficiencia renal.

Yo, realmente, el único inconveniente que le veo a la gliquidona, es que su precio apenas llega a los 3 euros frente a los 60 de la linagliptina. Y eso… hay que tenerlo en cuenta a la hora de prescribir 😉 .

José Luis Quintana, médico de familia.


Kopago, képago

marzo 18, 2012

Lo que parecía lejano hace relativamente poco, está aquí. Se introduce el copago sanitario. Ha empezado por Cataluña, pero con toda seguridad, si no hemos perdido el juicio del todo, ha de extenderse al todo el país.

Es posible que no haya más camino, pero lo que se ve venir no tiene buena pinta. No me gusta porque no es una medida para introducir racionalidad en el sistema, es una medida estrictamente recaudatoria. Necesitamos pasta y el sitio más fácil es pillarla en el mostrador de las farmacias. Es como subir el IVA… compras y pagas.

Es evidente, que el actual sistema por el que un pensionista millonario consigue fármacos gratis y un parado con tres hijos los paga, puede y debe ser reformado. Es una medida que introduciría justicia en las aportaciones que realiza cada paciente al precio de los medicamentos.

Si lo que se quisiera es ahorrar dinero en farmacia hay medidas que, en mi opinión, tienen más sentido. La financiación selectiva de medicamentos. No se puede financiar cualquier guarrería farmacológica, que las hay “a puñaos”. Los países modernos, los que de verdad rigen sus destinos, cuando se les presenta un fármaco de los que no aporta nada y es caro, no lo financian y listo. “Lo puede usted vender, pero yo no se lo compro”. Así de fácil. Ayer mientras que pensaba en esto le pregunté a OMI-AP los principios activos que empiezan por “a” que se pueden prescribir. El número y precio de los que la evaluación del ministerio y de las comunidades autónomas dice “no aporta nada nuevo” es escandaloso. En mi humilde opinión, con lo que se sabe ahora, no sé por qué se financia la agomelatina, por seguir con la “a” 😉 y seguir con un ejemplo de hace un par de entradas. Tendría repercusión económica, orientaría a uno-de-los-mejores-sistemas-sanitarios-del-mundo a la prescripción de fármacos consolidados, no como ahora, que es el paraíso de los horteras terapéuticos, amigos de lo ultraúltimo y de cosas menos confesables… en fin. No solo se debería reorientar a los pacientes, también a los sanitarios y a sus responsables. Esto, es tan de cajón que, si no se pone en marcha, solo se me ocurre que sea porque es mucho más fácil meter la mano en el bolsillo de angustiados ciudadanos, que de poderosas multinacionales.

Es la hora de los valientes.

José Luis Quintana, médico de familia.


Se aclara el panorama

enero 18, 2012

Por si alguien tenía dudas, Farmaindustria las aclara.Al final, resulta evidente que el problema de la enloquecida prescripción de fármacos en nuestro país es la resultante de un complejo entramado de intereses. En este asunto, no sabemos de qué lado están nuestros representantes políticos, porque su discurso dice una cosa y sus hechos lo contrario. Bueno, el director general del Ib-Salut, sí sabemos de qué lado está. Se va aclarando el panorama.

José Luis Quintana, médico de familia.


No pienso recetar ni un “condroprotector” más

enero 16, 2012

Acogiéndome a la libertad de prescripción, que parece ser el único argumento no denunciable, no pienso prescribir nunca más un condroprotector. Si queréis saber por qué (es probable que ya lo sepáis) id pinchando los enlaces:

Rafa hace saltar la liebre.

Carlos nos lo explica con detalle.

Los compañeros de Sano y Salvo también.

Hemos leído pone los puntos sobre la íes.

Butlletí Groc también.

Carlos nos vuelve a contar lo que ocurre.

Algún periódico se interesa por el tema.

El asunto se extiende.

Un medicamento que tiene que recurrir a estas cosas como argumento… no se lo doy a mis pacientes.

José Luis Quintana, médico de familia


Aquí, alguien ha matado a alguien

noviembre 18, 2011

Contaba el genial Miguel Gila que él detuvo a Jack “El Destripador”. Refería que, como no era partidario de la violencia, decidió detenerlo “con indirectas”. Cada vez que se lo cruzaba, decía “aquí, alguien ha matado a alguien”.

Este es el genial monólogo, en el que al final cuenta cómo lo hizo:

Me ha venido esto a la cabeza, al leer estas noticias:

Aquí, alguien se está gastando lo que no está en los escritos. Hay que empezar con las indirectas, hasta detener al responsable.

Menos mal que la prescripción por principio activo arreglará las cosas 😉

José Luis Quintana Gómez, médico de familia


DCI, EFG y GPS

julio 28, 2011

La verdad, para algunas cosas, la crisis es estupenda. Ha llegado la hora de “retratarse”: el dinero no nos llega y hay que ver por dónde metemos mano al problema. El Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud decide que en España se prescribirá por Denominación Común Internacional (DCI).

Gruesos calificativos entre farmacéuticos y la industria del medicamento, división de opiniones entre los médicos.

España es un país sin planes, da igual que sea el gobierno central que las autonomías de cualquier signo político. El pobrecito uso racional de los medicamentos, que tiene detrás mucha ciencia y mucha sustancia, aquí no sirve más que para ahorrar, pervirtiéndolo todo. ¿Es bueno recetar por DCI? Si es para ahorrar, es una simpleza que funcionará un tiempo para salir del apuro y se acabó. Si es para cambiar muchas cosas muy profundas (el verdadero marasmo terapéutico español, la relación de la industria con los sanitarios, los congresos médicos, los cambalaches de las farmacias…) él sólo no va a poder. No es serio que un país, que limita ayudas a los parados o que recorta las pensiones, siga financiando fármacos, que desde que se valoran son clasificados por los propios financiadores como “no aporta nada nuevo”. Y, además, recomiendan que no se prescriban.

Ni siquiera se retiran fármacos que se lanzan al mercado con la sospecha de ser una roña y… finalmente lo son. Se aprueba una batería de nuevos fármacos para la diabetes que, la verdad, no parecen especialmente bien medidos: las nuevas insulinas, antes la rosiglitazona, ahora la pioglitazona, la exenatida y la sitagliptina… Todo esto con unos ensayos clínicos apoyados en resultados intermedios y, para remate, a un precio disparatado. Medicamentos con ninguna aportación novedosa, con los problemas de seguridad que se asocian a los nuevos fármacos y, por supuesto, mucho más caros. Todos financiados. Como la dronedarona, el cilostazol…Podemos ver fármacos peores que los disponibles pero 15 veces más caros y pagados por los ciudadanos.

Las agonías económicas sean bienvenidas si nos convierten en un país serio. En un pais que no hace de la atención sanitaria  y de la prestación farmacéutica un instrumento político (hemos vivido verdaderos esperpentos entre comunidades autónomas) sino un servicio básico de atención a los ciudadanos y, como tal, cuidado por políticos, gestores, trabajadores de la sanidad y pacientes.¿Cómo seguimos financiando champú para la caspa mientras recortamos presupuesto de investigación o de educación? ¿Cómo seguimos satisfechos de este sistema que favorece la toma masiva de fármacos? Eso sí baratos.

Un sistema que ha reducido las consultas médicas a un proceso que termina en un fármaco. La mitad de la medicina debería hacerse hablando y la otra con medicamentos. A la industria le parecerá inadmisible y derramará lágrimas de cocodrilo, pero somos un despropósito en medicamentos donde se financia prácticamente todo lo que no envenena. Con el sobrante de esto se financian ensayos clínicos, algunos muy honrados y otros tramposos,  congresos científicos, formación médica con comida incluida, reuniones de expertos, sociedades científicas… en fin.

Las recientes decisiones incluyen una tímida apuesta por la creación de comités de evaluación. Apuesto a que no prospera, porque el 90% de lo que se autoriza y financia no aporta nada nuevo.


En este país, si eres un anciano venerable al que se te va la cabeza por una demencia te pueden dar medicamentos “a paladas”, pero no pidas una ayuda para que alguien te acompañe y no te extravíes en la calle… que aunque las tomes te extravías. A cambio de eso, si descubres un gran fármaco de esos que duran décadas te ves obligado a mantener un precio ridículo… para siempre, como la clortalidona.

Hay que tener un plan… hay que saber dónde se quiere ir, que no es donde se gasta menos dinero (que a lo mejor también) es donde se gasta el dinero en lo que merece la pena gastarlo. Seguramente es mejor fármacos más caros y menos, que este estilo de muchos y baratos. Hay que pensar qué se quiere que represente la industria farmacéutica en el sistema sanitario español. Es imprescidible un organismo, independiente, que evalúe la pertinencia de la financiación. No debe bastar que un fármaco exista para que lo paguemos con nuestro dinero… algo más tendrá que demostrar.
Por muchas vueltas que le doy, como clínico, no consigo encontrar inconvenientes a la prescripción por DCI, salvo uno: si el día de mañana escribo duloxetina en la receta, ¿quién decide si se le da Ariclaim©, Cymbalta©, Xeristar© o Yentreve©? Terapéuticamente no hay diferencia, pero, si se ha de tomar esa decisión, debe ser en el interior de la consulta.

Es que ya lo hemos visto casi todo, hasta los genéricos con marca. Sin un plan, ahorraremos a la corta y seguiremos por el enloquecido camino por el que vamos, aparecerá la DCI con marca y… vuelta a empezar.

Y, finalmente, tampoco me parece aceptable que, como hay otros sitios donde también se despilfarra dinero, éste lo dejemos como está.

No sé si teminaremos recetando por DCI, pero necesitamos GPS.

José Luis Quintana, médico de familia.