Día de rumores

mayo 14, 2012

Hoy comentábamos rumores en el centro:

Hablábamos de lo poco claro que deja el Real Decreto-ley 16/2012, de 20 de abril, de medidas urgentes para garantizar la sostenibilidad del Sistema Nacional de Salud y mejorar la calidad y seguridad de sus prestaciones algunas cuestiones. Había quien defendía, que la confusión, seguramente, era consecuencia de que el original del decreto debía estar en alemán y que se tradujo al castellano, por las prisas, con el traductor de Google. No cabe otra explicación, nadie va a dudar, a estas alturas, de que tengamos claro qué queremos hacer.

Otra cosa que comentábamos, era que el nuevo copago obligaba a que las recetas fueran todas “informáticas”. El ordenador sería el que reflejaría lo que pagaba el usuario, tras cruzar datos del Ministerio de Hacienda y la basa de datos Cibeles de Tarjeta Sanitaria. Tendremos que cruzar los datos y los dedos. En esto se plantean al menos dos problemas:

  • Las recetas de la atención domiciliaria… la verdad son poquitas pero debe quedar resuelto.
  • Las recetas de las consultas, las altas de la planta de los hospitales… aquello que tanto costó conseguir en Madrid. Madrid (es la que conozco bien, habrá más seguro) vive en el “Paleolítico informático” en los hospitales, las recetas se hacen sobre todo “a mano”. Estas no son pocas, son muchas y es imprescindible que esté resuelto cuando esto se ponga en marcha, para no fastidiar a pacientes y a los médicos de primaria. No vamos a volver a cargar con la totalidad de la burocracia del sistema. Es indigno e ilegal.

Atenta la compañía.

José Luis Quintana, médico de familia.


Tecnología punta en las farmacias: el farmakit

noviembre 3, 2011

Mientras que los utensilios de una farmacia española del siglo XXI, sigan siendo el cúter, pa cortar el “cupón precinto” y el papel de celo, pa pegarlo en el cuadradito correspondiente de la espantosa receta de la que nos hemos dotado en este país…

… ya podemos sacar todos los reales decretos que queramos, la prescripción seguirá siendo del siglo XIX.

José Luis Quintana, médico de familia.


DCI, EFG y GPS

julio 28, 2011

La verdad, para algunas cosas, la crisis es estupenda. Ha llegado la hora de “retratarse”: el dinero no nos llega y hay que ver por dónde metemos mano al problema. El Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud decide que en España se prescribirá por Denominación Común Internacional (DCI).

Gruesos calificativos entre farmacéuticos y la industria del medicamento, división de opiniones entre los médicos.

España es un país sin planes, da igual que sea el gobierno central que las autonomías de cualquier signo político. El pobrecito uso racional de los medicamentos, que tiene detrás mucha ciencia y mucha sustancia, aquí no sirve más que para ahorrar, pervirtiéndolo todo. ¿Es bueno recetar por DCI? Si es para ahorrar, es una simpleza que funcionará un tiempo para salir del apuro y se acabó. Si es para cambiar muchas cosas muy profundas (el verdadero marasmo terapéutico español, la relación de la industria con los sanitarios, los congresos médicos, los cambalaches de las farmacias…) él sólo no va a poder. No es serio que un país, que limita ayudas a los parados o que recorta las pensiones, siga financiando fármacos, que desde que se valoran son clasificados por los propios financiadores como “no aporta nada nuevo”. Y, además, recomiendan que no se prescriban.

Ni siquiera se retiran fármacos que se lanzan al mercado con la sospecha de ser una roña y… finalmente lo son. Se aprueba una batería de nuevos fármacos para la diabetes que, la verdad, no parecen especialmente bien medidos: las nuevas insulinas, antes la rosiglitazona, ahora la pioglitazona, la exenatida y la sitagliptina… Todo esto con unos ensayos clínicos apoyados en resultados intermedios y, para remate, a un precio disparatado. Medicamentos con ninguna aportación novedosa, con los problemas de seguridad que se asocian a los nuevos fármacos y, por supuesto, mucho más caros. Todos financiados. Como la dronedarona, el cilostazol…Podemos ver fármacos peores que los disponibles pero 15 veces más caros y pagados por los ciudadanos.

Las agonías económicas sean bienvenidas si nos convierten en un país serio. En un pais que no hace de la atención sanitaria  y de la prestación farmacéutica un instrumento político (hemos vivido verdaderos esperpentos entre comunidades autónomas) sino un servicio básico de atención a los ciudadanos y, como tal, cuidado por políticos, gestores, trabajadores de la sanidad y pacientes.¿Cómo seguimos financiando champú para la caspa mientras recortamos presupuesto de investigación o de educación? ¿Cómo seguimos satisfechos de este sistema que favorece la toma masiva de fármacos? Eso sí baratos.

Un sistema que ha reducido las consultas médicas a un proceso que termina en un fármaco. La mitad de la medicina debería hacerse hablando y la otra con medicamentos. A la industria le parecerá inadmisible y derramará lágrimas de cocodrilo, pero somos un despropósito en medicamentos donde se financia prácticamente todo lo que no envenena. Con el sobrante de esto se financian ensayos clínicos, algunos muy honrados y otros tramposos,  congresos científicos, formación médica con comida incluida, reuniones de expertos, sociedades científicas… en fin.

Las recientes decisiones incluyen una tímida apuesta por la creación de comités de evaluación. Apuesto a que no prospera, porque el 90% de lo que se autoriza y financia no aporta nada nuevo.


En este país, si eres un anciano venerable al que se te va la cabeza por una demencia te pueden dar medicamentos “a paladas”, pero no pidas una ayuda para que alguien te acompañe y no te extravíes en la calle… que aunque las tomes te extravías. A cambio de eso, si descubres un gran fármaco de esos que duran décadas te ves obligado a mantener un precio ridículo… para siempre, como la clortalidona.

Hay que tener un plan… hay que saber dónde se quiere ir, que no es donde se gasta menos dinero (que a lo mejor también) es donde se gasta el dinero en lo que merece la pena gastarlo. Seguramente es mejor fármacos más caros y menos, que este estilo de muchos y baratos. Hay que pensar qué se quiere que represente la industria farmacéutica en el sistema sanitario español. Es imprescidible un organismo, independiente, que evalúe la pertinencia de la financiación. No debe bastar que un fármaco exista para que lo paguemos con nuestro dinero… algo más tendrá que demostrar.
Por muchas vueltas que le doy, como clínico, no consigo encontrar inconvenientes a la prescripción por DCI, salvo uno: si el día de mañana escribo duloxetina en la receta, ¿quién decide si se le da Ariclaim©, Cymbalta©, Xeristar© o Yentreve©? Terapéuticamente no hay diferencia, pero, si se ha de tomar esa decisión, debe ser en el interior de la consulta.

Es que ya lo hemos visto casi todo, hasta los genéricos con marca. Sin un plan, ahorraremos a la corta y seguiremos por el enloquecido camino por el que vamos, aparecerá la DCI con marca y… vuelta a empezar.

Y, finalmente, tampoco me parece aceptable que, como hay otros sitios donde también se despilfarra dinero, éste lo dejemos como está.

No sé si teminaremos recetando por DCI, pero necesitamos GPS.

José Luis Quintana, médico de familia.


Tutti frutti

mayo 28, 2010

Hoy nos han contado la libre elección de médico y… claro, ante un avance tan importante para todos y lo bien pensado que está, nos hemos puesto a celebrarlo tomando unas cañas.

La conversación, interesante como siempre, nos ha llevado a los suplementos nutricionales y su receta. Conclusiones, después de la cerveza:

1.- Si yo no lo puedo prescribir, es diagnóstico hospitalario,  por qué tengo que hacer la receta. De esto hablaremos otro día.

2.- Estos suplementos suelen prescribirse (especialista mediante) a pacientes deteriorados y generalmente inapetentes. Dichos suplementos se producen en varios sabores: fresa, chocolate, vainilla, capuchino… Bien, si el paciente quiere cambiar de sabor -cosa muy razonable por no estar siempre con la misma guarrería de batido-, hay que hacerle una receta distinta porque cada sabor tiene un código nacional distinto. Es decir, el mismo batido es un medicamento distinto si es de sabor chocolate que de fresa.  Hay veces, haciendo estas recetas, que no sabe uno si está en la consulta o poniendo tortitas en VIPS. Hay que encontrar pronto a los responsables de estas cosas para nombrarlos empleados del mes.

¿No podrían tener todos un número común y que el paciente elija el sabor que le apetece?. Proponemos la creación de suplementos tutti-frutti y que se les de código nacional para que el paciente elija y no tener que ir al médico para que le ofrezca sabores.

Fácil y sin coste económico.

José Luis Quintana, médico de familia.


Otros aspectos (también lacrimógenos) de las recetas

abril 19, 2010
Tomado de AntiBurocracia:
Dice Armando

Gracias a Silvia que se trabajó la búsqueda en el BOCM y a Carlos  que manda datos sobre el número de recetas oficiales (cheques/descuento) que se consumen cada año en España.
1. El precio de cada talonario (100 cheques) en la comunidad de Madrid es de 1,7 €, o sea, cada cheque sale por 1,7 céntimos. Supongo que en las demás CCAA será parecido aunque ¡vaya Vd. a saber! Las de Madrid parece ser que se fabrican en Eslovaquia.
2. Según Carlos se consumen cada año 627.000.000 (seiscientos veintisiete millones) de rojas y 262.000.000 (doscientos sesentaidos millones) verdes, sumando la bonita cifra de 889.000.000. Con algunas blancas oficiales, las azules que se usan y las verdes con la alguna inscripción rara como “campaña sanitaria”, “síndrome tóxico”, etc. debemos andar en torno a MIL MILLONES de cheques por año, ¡casi ná! Pues 1.000.000.000 x 0,017 € = 1.700.000 euros tirados directamente a la basura cada año en papel.
Súmale tonner de impresoras, electricidad para hacerlas funcionar, etc. y el despilfarro ya es de traca.
Solo con cambiar a la receta multiprescripción se ahorraría un 80% de esos dineros.

Añade Anna:

Bueno, desde la P10 nos habíamos entretenido en cuantificar cuanto ocupaba el papel en DIN A4 por recetas, profesional y año, para ilustrar en nuestras reivindicaciones de qué estábamos hablando. Pues nos salían 9 metros de altura en papeles de recetas (3 pisos); un arbol centenario anual, vaya. A 1 médico de AP cada 2000 habitantes (ya sé que no es exacto), para 40.000.000 (ya sé que españoles hay más pero no todos son adultos), pues toca a unos 20.000 árboles centenarios por año.

No sé si los cálculos son exactos, pero por ahí andará la cosa.

José Luis Quintana, médico de familia